Editorial

Evo Morales al desnudo

14 febrero, 2017

Evo Morales, elegido presidente por un período gubernamental el 2005 – y puesto en el trono pachamámico el 2006 – hizo todas las chicanerías posibles para postularse nuevamente.

Con una espada de Damocles puso de rodillas a Ministros, Viceministros, Jueces y Fiscales, y emprendió así un viaje “chapulinesco” lleno de farsas, mentiras, corrupción, boberías y narcotráfico. Y cuando se le consultó si existía narcotráfico en el territorio de las Siete Federaciones de Productores de Coca en el Chapare – antes de asumir la presidencia de Bolivia – Morales respondió burlonamente: “tampoco tenemos que santificar”. Se trató, pues, de una confesión con relevo de prueba para su defensa. Morales conocía muy bien hace más de 11 años sobre el negocio del narcotráfico en la región del Chapare, y la responsabilidad penal en contra de sus coterráneos del subtrópico cochabambino. Por ello no es una sorpresa que el Mallku que le posesionó en Tiawanaku fuera narcotraficante, así como sus estimadas “hermanitas Terán”.

Hoy, Morales, no quiere dejar el poder por las enormes ganancias personales que en los siguientes años desea depositar a su propia cuenta o a los palos blancos que le secundan. Y no quiere dejar el poder, porque detrás de su espalda existe sangre – véase el Caso Rozsa, o la matanza en Pando – y también una corrupción galopante que a nadie sorprende.

Y es que si se toca incluso el margen de la nueva Constitución del 2009, es fácil detectar que su aprobación quebrantó la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente. Esto quiere decir, en otras palabras, que el índice de ilegalidades de la administración Morales, se registra no solamente en el irrespeto del 21F; sino también en la propia Carta Magna que dice defender.

Grandes negociados con potencias mundiales están en marcha hasta el 2025, y él desea preservar la tajada de torta ya negociada. La prohibición ilegítima de una contratación directa y sin intermediarios, hace que los vasallos contraten con el dinero del pueblo, sin licitación pública alguna.

Mientras todo esto sucede en territorio propio, son más de mil los refugiados, exiliados o presos políticos. Y con el paso del tiempo, Bolivia se ha convertido en una monarquía absolutista, que reniega de los valores republicanos.

 

1 comentario

  1. Hernando Armaza dice:

    La pura y cruel realidad.

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