Ciencia

Aparece un ensayo perdido de Churchill donde habla de ciencia y exploración espacial

16 Febrero, 2017

Lo escribió en 1939 pero el escrito, de 11 páginas, no ha aparecido hasta 2016 en un museo de Estados Unidos.

El año pasado, el astrofísico israelí Mario Livio visitó el Museo Nacional Winston Churchill, ubicado en Fulton, Misuri. Aquí fue donde el primer ministro británico pronunció en 1946 el famoso discurso donde menciona por primera vez la perífrasis “telón de acero”.

Generalmente asociamos la figura de Churchill con estos eventos: la Segunda Guerra Mundial, la paz de Yalta, la Guerra Fría… y un poco más allá, con la prolífica faceta de escritor que le valió el Nobel de Literatura, su reconocible ironía o su afición por los puros.

¿Pero y la ciencia? A lo largo de su vida, Sir Winston propulsó el desarrollo del radar y del sistema nuclear británico, fue el primer ministro en nombrar a un asesor científico -el físico Frederick Lindemann- a principios de los años 40, su gobierno dio financiación para construir telescopios y laboratorios que, años más tarde, obtuvieron “grandes descubrimientos e invenciones en campos de la genética molecular a la cristalografía de rayos X”, resume Livio en un artículo que aparece esta semana en Nature a cuenta del hallazgo que hizo en aquel museo: un ensayo inédito de 11 páginas, titulado ¿Estamos solos en el Universo? en el que Churchill analiza las posibilidades de encontrar vida extraterrestre.

ASÍ APARECIÓ EL TEXTO

Supuestamente, Churchill esperaba publicarlo en el dominical del News of the World, pero la guerra interrumpió este plan. El primer boceto del artículo está datado en torno a 1939, pero según el astrofísico, “lo revisó ligeramente a finales de los años 50 mientras se alojaba en una villa del sur de Francia, junto a su editor, Emery Reves”. En aquel último retoque, Churchill modificó el título de Are We Alone In Space? a Are We Alone In The Universe?

De hecho, fue la mujer del editor, Wendy Reves, quien donó el manuscrito de Churchill al museo de Fulton en la década de los 80. Ahí estuvo oculto hasta el año pasado, cuando el nuevo director del museo lo descubrió.

“El razonamiento de Churchill refleja muchos argumentos modernos en astrobiología”, comenta Livio. “En esencia, construye sobre el Principio Copernicano, la idea de que, dado lo vasto del Universo, es difícil creer que los humanos en la Tierra representen algo único”.

En el ensayo, el político habla con soltura de las características de la vida, de cómo algunos virus pueden cristalizarse y por tanto son difíciles de categorizar como seres vivos, de cómo nuestra búsqueda de vida extraterrestre se guía por el hallazgo de lugares con agua líquida e incluso se atreve a definir la llamada zona de habitabilidad (en inglés, Goldilocks zone) alrededor de una estrella. La vida, escribió Churchill, “puede sobrevivir entre unos pocos grados de congelación y el punto de ebullición del agua”.

FE EN LA CONQUISTA DE MARTE

Livio especula que, al empezar a escribir el ensayo, Churchill pudo sentirse influenciado por La Guerra de los Mundos de Orson Welles, que éste retransmitió en 1938 y había generado una fiebre de noticias marcianas en los medios de comunicación. Marte era, para el primer ministro, el único lugar habitable del Sistema Solar junto con Venus.

La parte más interesante es cuando Churchill se pregunta si, fuera de nuestro sistema, otras estrellas contendrían planetas, algo que en aquella época no estaba del todo claro. “El sol es meramente una estrella en nuestra galaxia, que contiene varios miles de millones de otras estrellas”.

Siguiendo el modelo sugerido por el astrofísico James Jeans en 1917, Churchill asume que los planetas nacen del gas que escapa de una estrella cuando otra pasa muy cerca. Sin embargo, con un sano escepticismo, añade “pero esta especulación depende de la hipótesis de que los planetas se formaron así”, escribió, “pero quizá no fue así, sabemos que hay millones de estrellas dobles, y si ellas pudieron formarse, ¿por qué no los sistemas planetarios?”

El instinto no traicionó a Churchill, ya que las teorías de Jeans fueron desechadas más adelante. También el político acertó al aventurar que existirán planetas extrasolares “que tendrán el tamaño adecuado para albergar agua en su superficie y posiblemente una atmósfera de algún tipo”, y que algunos de ellos “estarán a una distancia apropiada de su estrella madre para mantener una temperatura apropiada”. Cabe recordar que los primeros planetas extrasolares no fueron detectados hasta la década de los 90.

“Un día, posiblemente incluso no en un futuro no muy distante, podría ser posible viajar a la Luna, o incluso a Venus o Marte”, escribió Churchill en este ensayo de 1939. Sin embargo, desconfía de los viajes o incluso de la comunicación interestelar, señalando con mucha precisión que llevaría cinco años luz ir y volver a la estrella más cercana.

Este histórico documento concluye aseverando que “con cientos de miles de nébulas, cada una conteniendo miles de millones de soles, las posibilidades son enormes de que haya un número inmenso de éstos que contengan planetas cuyas circunstancias para albergar vida no sean imposibles”, a lo que el astrofísico israelí comenta en Nature que “Churchill muestra que los descubrimientos del astrónomo Edwin Hubble le eran familiares”.

EXTRACTOS DEL ENSAYO PERDIDO DE CHURCHILL

“No estoy tan impresionado por los éxitos que estamos logrando en nuestra civilización como para pensar que seamos el único punto de este universo inmenso que contiene criaturas que viven y que piensan, o que seamos el tipo más alto de desarrollo mental y físico que ha aparecido alguna vez en la enorme brújula del tiempo y del espacio”.

“Es sólo por el liderazgo de la humanidad en el descubrimiento de nuevos mundos de la ciencia y la ingeniería que mantendremos nuestra posición y continuaremos ganándonos nuestra subsistencia”.

Pese a su conservadurismo moral, el descubrimiento de este trozo de historia reafirma la condición de Sir Winston Churchill como un hombre de progreso y entusiasta de la ciencia, que para él debía ser “sirviente del hombre y no su amo”. Y como dijo en 1949 frente a los alumnos del Instituto de Tecnología de Massachussets, “si con todos los recursos de la ciencia moderna no encontramos la forma de acabar con la hambruna en el mundo, todos seremos culpables”.

Fuente: Elespañol.com

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