Economía

El PIB galo retrocederá un 9% si triunfa el ‘Frexit’ que propone Le Pen

25 febrero, 2017

Es el pilar del programa económico de Marine Le Pen: la salida del euro y la vuelta al franco. La estrategia promovida por la candidata del Frente Nacional al Elíseo tendría consecuencias desastrosas para la actividad económica en la Francia metropolitana, alerta el Instituto Montaigne.

 El laboratorio de ideas, de inspiración liberal, estima que el PIB de Francia retrocedería un 2,3 por ciento durante el primer año de la vuelta al franco y a largo plazo un 9 por ciento (augura una horquilla de entre el 4 por ciento y el 13 por ciento) con respecto al nivel que hubiera alcanzado sin esta decisión. Todo ello con una depreciación de al menos el 15 por ciento del franco.

Esto representa una pérdida de actividad de 180.000 millones. Y además, este escenario debe considerarse optimista, previene el Instituto, que toma como supuesto que el euro se mantiene en el resto de países. A largo plazo, el coste de la salida de la moneda única se evalúa en “unos 7.000 euros por cada puesto de trabajo residente en Francia. El número de empleos destruidos por esta medida alcanzaría varias decenas de millares desde el primer año, y podría superar ampliamente el medio millón de puestos de trabajo destruidos a largo plazo”.

Los efectos de una salida del euro pasarían por diferentes canales. En primer lugar, dado que Francia acusa un grave déficit exterior, el franco sufriría una devaluación con respecto al euro, que el laboratorio de ideas estima en un 15 por ciento. “Una depreciación de este nuevo franco contribuiría de manera favorable al crecimiento a corto y medio plazo”, a través de una reactivación de las exportaciones, admiten los autores. Pero, rápidamente, nuestros socios comerciales establecerían barreras arancelarias.

El segundo canal de transmisión del impacto es la moneda. Los ahorradores franceses podrían desear colocar sus capitales en el extranjero para protegerse de la devaluación anticipada del “nuevo franco”. Y los titulares de capitales extranjeros colocados en Francia se verían empujados a repatriarlos para protegerse de una caída del tipo de cambio, según el Instituto. Los tipos subirían mucho y esto supondría además escasez de crédito.

Riesgo de pánico bancario

“La fuga de capitales hacia el extranjero, la desconfianza de las familias y de las empresas frente a una moneda que se deprecia y el menor acceso de los bancos a financiación extranjera pondría en peligro las instituciones financieras”, alertan los autores. Con un riesgo de pánico bancario, sería entonces “verdaderamente indispensable limitar la política de cambio e instaurar un control de los movimientos transfronterizos de capitales”, al igual que en Grecia en 2015. Al mismo tiempo, la inflación podría acelerar el nuevo franco “de manera significativa habida cuenta de la depreciación”, lo que afectaría al poder adquisitivo de las familias. En resumen, la economía francesa se vería inmersa en un mundo totalmente desconocido.

No piensa así Jean Messiha, el coordinador del proyecto de Marine le Pen. “No habrá subida de tipos muy fuerte, porque revisaríamos la prohibición actual al Banco de Francia de financiar el déficit público. Y la subida de la inflación no es un problema, dado que actualmente nos enfrentamos a riesgos de deflación. Las dificultades serían transitorias”, asegura este antiguo alumno de la Escuela Nacional Francesa de Administración.

Pero modificar la ley de 1973 sobre el recurso al Banco de Francia significaría la vuelta de la máquina de impresión de billetes, con un gran aumento de la inflación. Además, “dado que no existe una posición consensuada dentro de la zona euro, la salida será necesariamente abrupta”, advierte Mathieu Plane, economista del OFCE (Observatorio Francés de Coyunturas Económicas). En opinión de Gilles Moec, economista jefe del Bank of América Merrill Lynch, “el funcionamiento de la zona euro tiene, sin duda, defectos, pero es preferible mejorar lo existente antes que destruirlo todo”. Dos datos, entre otros, así lo demuestran: la brecha del tipo de interés de los préstamos de Estado alemanes y franceses se redujo 1,5 puntos desde la creación del euro. Y la inflación pasó del 4,4 por ciento de media al año entre 1981 y 1998 al 1,5 por ciento desde 1999.

Amenaza la financiación

La vuelta del euro al franco plantearía graves dificultades a las familias y empresas, tanto en lo que se refiere a la financiación del mercado como a la bancaria. Un Frexit trastornaría de golpe la vida de las familias y las empresas. Aparte de la cuestión del cambio de divisa en los contratos y los préstamos vigentes, podría peligrar la garantía de las financiaciones futuras.

Impacto en las familias

El impacto de una vuelta al franco dependería de la respuesta a una pregunta: ¿Los particulares deberán reembolsar sus contratos vigentes en euros o en francos? En el plano jurídico, la pregunta es controvertida, “dado que el euro debe ser la moneda de los contratos denominados en euros, aun cuando un Estado haya decidido abandonar la moneda única”, dice un abogado.

En caso de que los franceses sigan pagando a su banco en euros, estos a su vez percibirían ingresos (salarios, alquileres, etc.) convertidos en francos. Soportarían, por tanto, el riesgo de cambio, es decir, la variación en la paridad euro-franco. Esto resultaría indoloro si la paridad de un euro por un franco se mantuviera. Pero esta situación es improbable con un nuevo franco.

Los expertos aventuran una devaluación potencial del 10 al 20 por ciento. Consecuencia: las dificultades de pago se multiplicarían, así como los incumplimientos en el pago. Motivos para precipitar una grave crisis bancaria y económica. Sería, sobre todo, preocupante para los créditos hipotecarios, reembolsados de media en diez años.

En el segundo escenario, el de las familias que continuarían pagando sus préstamos en francos, los cambios serían a primera vista menos espectaculares para los particulares. Los deudores percibirían ingresos en francos y pagarían en francos. Pero esto no inmunizaría a algunos contra el riesgo de tipo de interés: todos aquellos que hayan contratado un préstamo a tipo variable (situación poco común) verían aumentar en gran medida sus mensualidades como repercusión de una subida esperada del precio del dinero. Además, en este escenario, graves amenazas acecharían a los bancos: percibirían reembolsos en francos, pero deberían hacer frente a sus compromisos en euros.

Queda pendiente la cuestión de los nuevos créditos y de los tipos de interés de los préstamos. En un entorno de tipos mucho más elevados, el precio del dinero sería a su vez revisado al alza sin la garantía de que los ingresos aumenten a la misma velocidad. Las familias se endeudarían menos frenando la economía.

Para las empresas francesas dependería del derecho que se aplique al contrato. Si los títulos se han emitido en París, están regidos por el derecho francés. Según JP Morgan, es el caso del 60 por ciento de las obligaciones emitidas por sociedades francesas. “Esta deudas serán convertidas en francos, sin que esto constituya un motivo de reembolso anticipado en beneficio de los inversores”, explica un abogado, lo que no quiere decir que este cambio no sea impugnado por inversores que se consideren perjudicados, sobre todo si esta conversión forzosa va acompañada de una devaluación. En el caso de las obligaciones emitidas, por ejemplo, en Luxemburgo, con contratos de derecho anglosajón, los reembolsos en francos requerirían una aprobación de los acreedores, algo poco probable. Las empresas deberán continuar pagando sus gastos en euros.

En general, la cuestión que se plantea es saber si, después, los inversores desearán continuar prestando a las empresas francesas, con una divisa más débil que el euro. En caso afirmativo, sería de manera casi segura a tipos de interés mucho más elevados. Otra posibilidad, continuar prestando en euros en los mercados. Pero será preciso encontrar las divisas necesarias para reembolsar, lo que podría resultar difícil si el control de los capitales anunciado por el Frente Nacional entra en vigor. Esta solución debiera estar reservada a grupos con una actividad suficiente en los demás países de la zona euro.

Fuente: Eleconomista.es

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