Editorial

América con K

1 marzo, 2017
El discurso del Presidente de los Estados Unidos de Norte América, Donald Trump del día de ayer 28 de febrero, último día del mes, fue un ejercicio en la futilidad, un repaso de lugares comunes y una oda al aburrimiento, es decir fue un discurso típicamente político. Era obvio y evidente que el Sr. Trump estaba leyendo un discurso de las pantallas de los televisores del congreso de los Estados Unidos y que era un discurso ya practicado hasta el cansancio.

En el discurso repasó lugares comunes de sus frecuentes chácharas pero esta vez con elegancia y con el aplomo de un actor que ha aprendido sus líneas por una vez: el muro se va a construir, los inmigrantes son un peligro y la economía se va a recuperar. Los congresistas de ambos lados volvieron a hacer lo que hacen desde hace ya mucho tiempo en los Estados Unidos. Empezaron a criticar el discurso por banalidades y tratando de marcar diferencias.

Lo interesante es preguntarse el por qué un famoso actor de reality shows (shows o espectáculos televisivos que no poseen guion) se aprendió un libreto y además porque decidió evocar, con un discurso aburrido y pedestre, a sus 44 antecesores.

La respuesta parece ser simple. Su objetivo era tranquilizar a los congresistas estadounidenses. Tanto senadores como diputados estaban muy alterados luego de varias semanas de enfrentar a hordas de votantes enfurecidos que les reclamaban por las políticas de Trump a viva voz en gran parte de las reuniones de pueblo en anfiteatros y aulas escolares en los Estados Unidos.

¿Para que buscaba tranquilizarlos? Esa es la pregunta del millón. La respuesta la tiene tal vez la revista New Yorker en su edición de marzo. En la que se viene un artículo titulado “ Trump, Putin, y la nueva Guerra fría” de Evan Osnos, David Remnick, and Joshua Yaffa que se encuentra ya disponible en línea en el que se describe con lujo de detalles el origen de la operación Trump y el rol que juega Putin en la misma.

Las relaciones de los Estados con Rusia (o mas bien contra Rusia) han estado marcadas por la desconfianza mutual, el espionaje y el sabotaje. Al parecer y según la creciente ola de publicaciones Trump es un episodio más en esta larga historia y una continuación de la Guerra Fría.

Tratar entonces de tranquilizar a los congresistas, luego de leer el artículo del New Yorker, no parece ser una mala idea. Después de todo, los congresistas tienen una edad promedio de 57 años, los Senadores una de 61. Edad suficiente para recordar tal vez una serial de televisión que tuvo cierto éxito en los Estados Unidos: Amerika de 1987 (o America con K) una serial sobre la rusificación de la vida en los Estados Unidos luego de la invasión Rusa.

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