Cultura

Moonlight: algo más que un error de nombres

14 Marzo, 2017

Por Aldo Solé Obaldía

Sobre la última ceremonia de entrega de los Oscar ya se ha dicho mucho, especialmente del bochorno del premio final. En realidad, la insólita confusión al anunciar el Oscar a la mejor película, opacó lo que podría haber sido el gran bochorno: la llegada a esa instancia decisiva de dos películas que no tenían los méritos correspondientes. En todo caso, está claro que Moonlight lo merecía más que La la land. Aún así, muchas otras películas presentadas en esta edición, podrían haber llegado a ese galardón con mayor justicia. Está claro que figuras ocultas o hasta el último hombre lo hubieran valido mucho más.

Sin abusar del tiempo (algo más de dos horas), Moonlight, una película dirigida por Barry Jenkins, narra la vida de un joven afroamericano, desde su infancia hasta la adultez, que crece en un complicado barrio de Miami y que lucha por encontrar su lugar en el mundo. La historia está dividida en tres etapas, que son tres etapas de vida del protagonista: infancia, adolescencia y juventud de un chico que vive en un entorno de drogas y pocas oportunidades dignas, una madre adicta que intenta valerse de su hijo para obtener sustancias, a lo que se agrega el descubrimiento adolescente de su homosexualidad.

En los hechos, una trama que es más de lo mismo. Un relato lento y pobre donde la parte más original de la historia resulta la menos creíble y probable: el proveedor del barrio de las drogas es el que se apiada del chico y lo protege desde la infancia a pesar de ser quien le vende drogas a su madre.

Una película de bajo presupuesto con algunos logros visuales que merecen destacarse: manejo de los tonos cromáticos, un breve pero audaz fuera de foco o el abandono del religioso plano americano. Pero a todas luces, queda claro que es una historia que el cine de otros rincones del mundo produce mejor y a menor costo.

Con menos sabor a melodrama y más introspección psicológica, el cine francés mostró mucho más con una película como El niño de la bicicleta. Con más sencillez de imágenes, el cine árabe supo conmover mejor con La bicicleta verde. Con un manejo más inteligente de los tiempos, el cine vasco produjo Ander. Con más dureza, el cine indio contó una realidad más sufriente en Masan. Con más audacia narrativa, el cine argentino mostró la antítesis pasión frustración con Hijos nuestros.

Está claro que al cine yanqui le cuesta producir el combo narrativo de lo sencillo y emotivo. No hay una producción constante de películas como Mi pequeña Miss Sunshine o Nebraska.

En todo caso, está claro que Moonlight será recordada por ser la película que se llevó el más esperado de los Oscar en medio de un enredo de dos sobres. Es que al cine norteamericano lo sencillo le sigue resultando lo más difícil.

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