Editorial

El “madurazo” venezolano

31 marzo, 2017

Tras una fuerte disputa y tensión entre la oposición venezolana, el oficialismo, y la OEA, finalmente, el dictador venezolano Nicolás Maduro dejó en claro la estirpe de sus verdaderos colmillos en un deleznable Gobierno que ha dejado a Venezuela a la deriva, y en una crisis política y económica sin parangón.

Su estrategia abusiva y extravagante, recuerda el “fujimorazo” del dictador peruano Alberto Fujimori, quién suspendió el ejercicio del Parlamento, y años luego fue condenado. Una estrategia que por lo demás, bien puede llamarse dictadura, sin mayores matices. El orden republicano, las instituciones de Gobierno, son subvertidas por un régimen de facto, que nada teme, y se engloba en términos de narcotráfico, corrupción a gran escala, a costa de la gente que camina a buscar comida en los basureros.

Nicolás Maduro es el mayor enemigo del pueblo venezolano. Aquí no quepan dudas o incertidumbres de alguna raigambre. El chavismo en la calle ensayaba mucho antes un grito de guerra: “¡Y va a caer, y va a caer, esta Asamblea va a caer!”. Los gritos de guerra de Nicolás Maduro son de tinte no solamente autoritario y dictatorial, sino emulaciones de Hitler, quién ascendió al poder, gracias al voto popular – como lo fue su mentor, el Hugo Chávez – y poco a poco se convirtió en el animal político más desenfrenado de la historia del siglo XX.

La comunidad internacional ya se ha pronunciado con sensatez y sin el paroxismo del desparpajo, propio del chavismo. Líderes como Mariano Rajoy, Luis Almagro, Mauricio Macri, la Unión Europea, etc., han denunciado a nivel internacional la arremetida de una “justicia a dedo”, que ha infravalorado la separación de poderes, y ha cargado sus misiles para inutilizar el Parlamento venezolano.

Y no solamente eso. Venezuela se ha convertido en el mayor rival de la integración latinoamericana, y el peor referente internacional del fracasado modelo social, político y económico del siglo XXI. Todo ello, a costa del “pueblo” tan proclamado como exacerbado por sus ribetes de locura, catarsis y “antiimperialismo”.

Hoy el mundo ya conoce a Nicolás Maduro, y debe actuar en consecuencia.

 

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