Política

Rusia y Estados Unidos chocan sobre Siria

9 abril, 2017

Washington y Moscú se enfrentaron ayer tras el ataque militar ordenado por Donald Trump en Siria, el primero protagonizado por Estados Unidos en seis años de guerra en el país árabe. La intervención fue lanzada la madrugada del viernes, cuando su Marina lanzó 59 misiles de crucero Tomahawk, cada uno con una carga explosiva de 500 kilos, sobre la base aérea de al-Shayrat, situada en las afueras de la ciudad de Homs. El ejército sirio confirmó siete muertos en el ataque y nueve heridos entre los que habría civiles.

El ataque de EEUU supone un cambio de 180 grados en la política del Gobierno de Donald Trump, que en los 19 meses de campaña dijo que iba a sacar a EEUU de las guerras de Oriente Próximo y que la agresividad de su rival Hillary Clinton en Siria amenazaba “con desatar la Tercera Guerra Mundial”. EEUU se pone así en rumbo de colisión con Rusia, que es el principal valedor militar de Damasco. Además, prepara sanciones económicas contra Siria, según anunció ayer el secretario del Tesoro. Pero Moscú reaccionó ayer con dureza en las palabras y prudencia en los hechos. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, calificó el ataque estadounidense a Siria de agresión a una nación soberana, según declaró a través de su portavoz, Dimitri Peskov. Rusia lleva desde 2015 interviniendo militarmente en Siria, pero esgrime que lo hace previa solicitud del Gobierno de Damasco. Putin cree que es un intento de desviar la atención de las numerosas víctimas entre la población civil en Irak. Las autoridades rusas también decidieron suspender los protocolos de cooperación con EEUU para la prevención de incidentes en el espacio aéreo sirio. Pero en realidad ese memorándum formalizaba algunos procedimientos que existen desde antes para evitar accidentes. Se concibió en parte como base para una posible cooperación futura entre EEUU y Rusia, una idea que hace tiempo que fracasó.

Los misiles fueron lanzados desde los destructores Ross y Porter, que tienen su base en Rota, en la provincia de Cádiz. Las defensas antimisiles rusas en la zona no los frenaron, y Moscú no aclaró ayer las razones. Como resultado, nueve aviones de la Fuerza Aérea siria fueron “destruidos”, según la televisión rusa, que difundió imágenes de la base siria atacada. Fuentes oficiales estadounidenses señalaron que se trataba de un ataque “limitado”. Así lo dijo también el Gobierno sirio. Poco antes del ataque, tanto el presidente estadounidense como su secretario de Estado, Rex Tillerson, declararon que el presidente sirio, Bashar Asad, debe dejar el poder. La elección del blanco no fue casual. Estados Unidos publicó un tracking de vuelo con el que, alega, se demuestra que el bombardeo aéreo con gas nervioso sobre Jan Seijun se lanzó desde la base de al-Shairat.

El ministerio de Asuntos Exteriores ruso solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Allí Estados Unidos aseguró que está preparado para “hacer más” en Siria tras su primer ataque contra el régimen de Damasco, pero confía en que no sea necesario, según explicó la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley. Washington no puede mantenerse al margen cuando se utilizan armas químicas, pues considera “un interés vital de seguridad nacional” impedir su uso y expansión. Haley aseguró además que tanto Irán como Rusia tienen responsabilidad en el ataque químico del pasado martes por su defensa del régimen de Damasco. “Cada vez que Asad ha cruzado la raya de la decencia humana, Rusia le ha respaldado”, dijo la diplomática. Sólo hay tres opciones para explicar el “fracaso” ruso en esa tarea: o Moscú permitió conscientemente que Siria mantuviese armas químicas, o fue “incompetente” en su trabajo, o el régimen de Asad está “tomándoles por tontos”, dijo Haley.

Esta acción de Estados Unidos “sólo puede facilitar el fortalecimiento del extremismo”, respondió durante la reunión el representante ruso ante el Consejo de Seguridad, Vladimir Safronkov. Los rusos creen que el bombardeo “provoca aún más daño a las relaciones ruso-estadounidenses”, según dijeron desde el Ministerio de Exteriores. Antes, el propio ministro de Exteriores ruso Serguei Lavrov había comparado el ataque con misiles de Trump en Siria con la invasión de Irak en 2003, “cuando Estados Unidos, el Reino Unido y otros aliados invadieron Irak sin la aprobación del Consejo de Seguridad, en grave violación del derecho internacional”. De hecho Rusia denunció que EEUU ya tenía planeado el lanzamiento de los misiles contra la base siria y que aprovechó el ataque en Idlib como pretexto. Por eso pidió que el Consejo de Seguridad condenase el ataque de EEUU contra la base de la Fuerza Aérea siria. El portavoz del ejército ruso Igor Konachenkov dijo que las defensas aéreas del ejército se “reforzarán” tras los ataques estadounidenses. Rusia incluso trasladó a una de sus fragatas con misiles en el mar Mediterráneo hacia la base militar rusa de Tartús, en la costa siria.

El bombardeo de la base aérea de al-Shayrat es, sin duda, lo más popular que ha hecho Donald Trump para el ‘establishment’ político de EEUU. El ataque, además, permitió al presidente salir airoso de un momento muy complicado en su política exterior: la ‘cumbre’ con su homólogo chino, Xi Jinping, en su club de campo de lijo de Mar-a-Lago, en Florida.

La ‘cumbre’ concluyó ayer sin rueda de prensa, y sin comunicado conjunto. Lo más que se produjo fueron unas declaraciones de Trump a los medios de comunicación en las que dijo que el encuentro había producido “un progreso tremendo” que, se supone, se verá en el futuro, cuando Trump desenmascare el espionaje de Obama de su campaña, descubra a los 3 millones de ‘sin papeles’ que votaron en las elecciones, meta a Hillary Clinton en la cárcel, demuestre que su predecesor nació en Kenia, y construya el muro con México, aunque no necesariamente en ese orden.

El presidente de Estados Unidos, sin embargo, afronta las críticas de una parte de sus seguidores, que recuerdan que durante seis años se opuso a llevar a cabo ningún tipo de acción militar en Siria, hasta el punto de declarar que Hillary Clinton iba “a provocar la Tercera Guerra Mundial” con su intervencionismo en ese país. El bombardeo de la madrugada del viernes es un cambio radical en esa política y, además, una típica acción militar-con misiles guiados por satélite, y limitada a una instalación militar-que sería típica de Bill o Hillary Clinton.

La acción contra el régimen de Asad y el súbito giro de Trump, que ahora dice que el dictador sirio tiene que irse -justo una semana después de haber proclamado lo contrario- refuerza su liderazgo entre los neoconservadores republicanos, un grupo partidario de una política militarista en Oriente Próximo que nunca le aceptó ni como candidato ni como presidente.

Es también una derrota para el ala más nacionalista y aislacionista de su equipo, encabezada por Stephen Bannon, su máximo asesor político que, precisamente el miércoles, dejó de ser un miembro del Consejo de Seguridad Nacional, el organismo que coordina la política exterior y de defensa en la Casa Blanca. La salida de Bannon del Consejo ha sido considerada una muestra del cada vez mayor poder de Jared Kushner, el yerno de Trump. El Mundo – España.-

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