El Mural Digital

Apuesta Cultural: la otra mirada

11 Abril, 2017

Claudia Amengual

La autora Claudia Amengual (Montevideo, 1969) nos visitó al estudio de El Mural Digital para presentarnos el libro “Una mirada al periodismo cultural”. Su vasta producción literaria incluye cuentos, novelas, biografía y ensayo. Desde la publicación de “La rosa de Jericó”, su primera novela de 2000, su escritura –como ya se ha expresado más de una vez-  revela finamente la hipocresía social, la violencia o los miedos al cambio y todo esto se enmarca como excusa o directamente como búsqueda de la felicidad.

En su perseverante y acreditada trayectoria ha obtenido prestigiosos reconocimientos, entre ellos, ganó una beca de la Fundación Carolina para estudiar en la Universidad Complutense de Madrid, o cuando  fue elegida entre los escritores más destacados de América Latina en el marco de Bogotá Capital Mundial del Libro, integrando el grupo Bogotá39.

Muchas de sus novelas y cuentos han sido premiados en concursos, traducidos y publicados en antologías de México, Perú, Colombia, Argentina, España, Francia, Alemania y Uruguay.

Después de tres años de investigación entre Montevideo, Buenos Aires y París, publicó en el año 2012 una biografía de Susana Soca y un análisis de su obra poética y ensayística. Al año siguiente editó en Estados Unidos la antología El rap de la morgue y otros cuentos. Ya en el año 2014, su novela inédita, Cartagena, fue seleccionada entre las 10 mejores de un total de 1462 novelas presentadas al Premio Herralde de Novela, Editorial Anagrama. La que fue editada un año más tarde.

El libro que hoy nos convoca a dialogar con su autora es una invitación a dar una mirada, una aproximación al periodismo cultural, con foco en el Uruguay del siglo XXI. Pero más aun, una reflexión que se expone frente a la maquinización consumista y la importancia de la cultura como una fuente de humanización a la que se debería acudir con extrema urgencia, porque además y sobre todo, la cultura –pese a quién le pese- es un derecho humano.

 

¿Cómo surge esta idea de crear una mirada a través del periodismo cultural?

Tu sabés que yo soy y quizá sea la tercera razón de este libro, una enamorada de la radio como medio de comunicación. A mí me parece que sigue siendo un medio absolutamente plural, permite además la pluralidad, es democrático, llega con mucha facilidad a muchas personas. Permite ya sabemos, hacer otras cosas mientras uno la está escuchando, acompaña. A mí no me parece una exageración decir que salva vidas. Yo estoy segura que la radio sobre todo en determinadas circunstancias o en determinadas horas de la noche cuando hay tantas personas que ya sea por trabajo, o por enfermedad o por confinamiento, están solas y tienen solo la compañía de la voz. Yo creo que la radio salva, estimula la imaginación, lo que es crear imágenes solo con el poder de la palabra, por eso estoy tan en contra de poner cámaras de televisión en los estudios de la radio. Es violentar un lenguaje, que es el lenguaje radial.

 

Hace un tiempo intercambiábamos con unos amigos sentados en una mesa redonda donde ellos afirmaban que era favorable para el oyente sumar la imagen además de la voz. ¿Con esta nueva modalidad no se está perdiendo ese manto de complicidad que se forma en el estudio entre el entrevistado con el entrevistador?

Sí, sí!. Además desvirtúa incluso el comportamiento del estudio, que tiene unas reglas muy particulares de complicidad como decís entre las personas que están hablando, los guiños, el no preocuparse por el aspecto o cómo está vestido, si está maquillado, si está uno peinado. En cambio, ya cuando aparece la imagen la vanidad nos juega a todos una mala pasada y entonces ya nos distraemos un poco porque estamos pendientes de esa imagen. Creo que es un gravísimo error y en este caso integrar la tecnología no suma, sino que resta.

 

¿Ese amor por la radio que creo que el lector fácilmente ya habrá comprobado te llevó a escribir este libro?

Sí. Es un reconocimiento a la importancia que tiene este medio como vehículo transmisor y catalizador de la cultura, y esto es una cosa muy personal, pero yo venía de terminar la novela Cartagena y antes de ingresar en otra ficción, en otra novela, necesitaba una especie de limpieza espiritual porque trabajar durante muchos años en una novela implica vivir dentro de un mundo que es el mundo que uno ha creado y que lo lleva a una especie de esquizofrenia intelectual. Uno tiene que realmente salirse de ese mundo…

 

Claudia, un poco la vedette de esto es la cultura pero el interlocutor, el protagonista es el periodista cultural Jaime Clara ¿Es así?…

Sí, sí…

 

Viéndolo trabajar realmente siempre me ha asombrado su resistencia, su capacidad de administrar el tiempo y me he preguntado siempre ¿cómo y cuándo descansa? ¿Fue difícil coordinar agenda, reflexionar, trabajar en este proyecto?

Es una de las preguntas que se hace la gente y que yo le hago en el libro, ¿cuándo duerme Jaime Clara o si duerme en la radio? Después que lo conocés te das cuenta de que tiene sus horarios muy aceitados. Es un gran madrugador, se levanta a las 4:23 porque además como tiene fobia por los números redondos, tiene esa manía de que no es y media, es y 23, y a partir de ahí empieza su día, que por supuesto después de tantos años de trabajo, Jaime empezó a trabajar en radio a los 8 años. Hoy tiene 52 así que imagínate tu, son muchos años que complementó con formación académica, algo importante, que es una tensión que hoy día se vive entre los periodistas de oficio, de carrera y los que se han formado en la universidad. De alguna manera Jaime es una conjunción de los dos y con ese oficio le permite también hacer gran parte de su trabajo con una cancha que para otros significaría más esfuerzo. Lo que no quita que es un hombre que lee mucho, va al teatro, va al cine, cuando te entrevista sabe lo que te está preguntando y se permite unos saltos increíbles, como por ejemplo, conducir un informativo a las 6 de la mañana, luego estar en el programa de televisión a media mañana en el canal 12, después vuelve a la radio, produce “Al pan pan”, donde está con Sergio Puglia. Luego se queda un rato más y produce “Hora de cierre” que lo hace con Juan Miguel Carsoglio. Tiene un programa de arte en el canal Nuevo Siglo, escribe, es un escritor de cuentos y de poemas. Es caricaturista y el año pasado se casó además, o sea que le queda tiempo para vivir.

 

Por ejemplo, a modo de ejemplo, cuando le preguntás sobre qué es la belleza, dice es para contemplar. La libertad es esencial, la política es un medio para organizar la sociedad. Ahora, vos hablabas de los lectores. Ahora, sobre este libro, un tema puntual, ¿quién creés que será su mejor destinatario?

Es una buena pregunta porque desde el punto de vista comercial y eso es algo que tuvimos que hablarlo en la editorial que es quien hace la inversión del libro en el sentido del libro como objeto, no la inversión intelectual del libro que hace el autor y eso no es poca cosa decirlo porque a veces los autores tendemos a menospreciar el valor del tiempo que dedicamos a nuestras creaciones, pero digamos que la editorial también hacía su inversión y en el momento de plantear este proyecto pensamos “y a quién iba dirigido este libro”. Mirá, yo pienso que en primer lugar va dirigido a los oyentes de Jaime (Clara) que son muchos y que además es una audiencia amplia, variada e interesada por la cultura.

 

Y dónde quedan los estudiantes de comunicación y muy especialmente a los interesados en profundizar en los temas que se hacen referencia en esta publicación?

Si. Pienso que para los estudiantes de comunicación puede ser interesante, sobre todo porque quizás la opción de periodismo cultural no sea la primera que consideren. Doy clases de traducción literaria en una universidad donde también está la opción de traducción científico- técnica y traducción jurídica y la traducción literaria es la menos elegida. Cuando tu le preguntás a los chicos el motivo por el que no la eligen te dicen que es por cuestiones económicas, es decir, porque sienten que la traducción científico-técnica o jurídica les va a dar más posibilidades de ganar dinero. Entonces, si bien esto puede ser cierto, es una aproximación demasiado funcional a una carrera que a veces puede dar por tierra una vocación.

Creo que en el caso del periodismo cultural puede pasar lo mismo, que los chicos vean el periodismo deportivo, o el periodismo que vira hacia lo político una salida “comercial” o económica más factible e insisto, hay que empezar a hablar de la cultura como un bien que produce, es decir, hay que empezar a hablar del valor económico de la cultura, la cultura produce dinero. Lo que pasa es que tenemos que abrirle espacio.

 

En este libro, le dedicas un capítulo especial a las reflexiones de otros comunicadores destacados como son Emma Sanguinetti, Carlos Rehermann y Pablo Silva Olazábal ¿qué otras mirada sumaron? 

Tengo que agradecerle a una cantidad de personas. A mí me interesaba que actores de distintos ámbitos de la cultura participaran, entonces, por ejemplo, Jorge Bolani, Érica Bush, Alina Dieste, Cristina Morán, imagínate que es una institución Cristina, la historia sobre todo de la televisión ha pasado por Cristina, Álvaro Ramos que fue canciller en algún momento y que tiene una mirada muy interesante sobre todo como escucha del programa. Es una mirada desde el ámbito político, que a mí me pareció interesante.

 

Además de los contenidos que planteás, en este libro vi mucho más que una historia de vida y un repaso de la historia política y cultural en nuestro país en los últimos 50 años ¿Qué destacarías? Porque por allí se habla de Hugo Batalla y la política, de las huellas de la dictadura. Se habla también del padre como referente ético.

Exactamente, sí. A mí me interesaba todo lo vinculado al programa de Jaime. Vamos a ver; Jaime tiene 52 años, por lo tanto es un hombre que vivió su adolescencia en dictadura y a mí me interesaba ver qué huellas había dejado eso en su formación. Primero deja la huella en lo que esta generación tenemos que es un marcado amor por la libertad, una sensación de que sin libertad no podemos respirar. Eso por un lado. Luego un hombre rebelde ante cualquiera. De hecho, no le gusta mucho a Jaime cuando le marcan las cosas, no en el sentido de crítica constructiva, sino cuando le sugieren invitados. Tiene como una sensación de que cualquier cosa que lo corte, lo limite, le está de alguna manera también coartando su libertad como periodista. Luego, la influencia de Hugo Batalla, él se define a sí mismo como un batallista, más que un hombre de izquierda, como un batallista y refiere a Don Hugo Batalla sobre todo como un hombre de valores y de ideales. A mí me parecía que era también interesante para las nuevas generaciones que han nacido en democracia y que no han padecido la dictadura, más allá que por el recuerdo que puedan tener de sus padres, de sus abuelos, pero también para que valoren este momento en el que viven.

 

Al escucharte me provocas una interrogante ¿Crees que las nuevas generaciones no asumen su responsabilidad frente a la institucionalidad de la Democracia? 

Yo tengo la sensación de que a veces nos olvidamos de que la Democracia es frágil y que hay que cuidarla todos los días. Hay que cuidarla preservando la separación de poderes, fortaleciendo muchísimo el Poder Judicial para que mantenga su independencia, por ejemplo, cuidando particularmente la libertad de expresión en los medios, que tiene que ser un bien precioso y que a veces nos olvidamos, sobre todo cuando los medios son empresas y pueden recibir algunas presiones.

 

Retomando el tema, ¿Qué tiene que tener un periodista para poder dedicarse en serio al periodismo cultural en este tiempo?

No soy periodista, no estudié, pero en la Universidad de Montevideo me hundí un poco en su biblioteca y traté de leer todo lo que podía y después documentarme con personas que saben de esto. Te diría que la opinión casi unánime es que periodismo hay uno solo, es decir, aquellas virtudes que aplican para el periodismo luego pueden ser desgranadas y aplicadas al periodismo cultural y por supuesto adaptadas de alguna manera. Lo que yo creo sí es que el periodista cultural debe tener una formación casi al estilo del hombre renacentista, casi que un hombre de Leonardo da Vinci. No que tenga que saber de todo, pero sí tiene que sentir curiosidad por todo, la aventura humana tiene que ser realmente su gran punto de inquietud. Un periodista cultural no puede ser un hombre que no sea intelectualmente inquieto. Tiene que ser una persona rebelde, difícil de engañar, difícil de engatusar con propuestas complacientes. Tiene que ser un observador crítico de la realidad porque el periodista cultural no solo informa, también forma.

 

Libro: Una mirada al periodismo cultural. Jaime Clara y “Sábado Sarandí” (Editorial Planeta, 2016) de la escritora Claudia Amengual

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