El Mural Digital

Poemas del escritor boliviano Benjamín Chávez

20 abril, 2017

Benjamín Chávez

Poeta boliviano (1971). Premio Nacional de Poesía 2006. Director del Festival Internacional de Poesía de Bolivia y editor de las revistas Piedra de agua, La mariposa mundial y del suplemento cultural El duende.

Ha publicado: Prehistorias del androide. Premio Luis Mendizábal Santa Cruz (1994), Con la misma tijera (1999), Santo sin devoción (2000), Y allá en lo alto un pedazo de cielo (2003), Extramuros (2004), Pequeña librería de viejo. Premio Nacional de literatura (2006), Manual de contemplación. Antología personal (2009), Las invasiones perdidas (2012), El libro entre los árboles. Premio Edmundo Camargo (2013) y Arte menor (2014). En 2015 publicó su primera novela: La indiferencia de los patos.

Ha participado en festivales de poesía y otros eventos literarios en Alemania, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Estonia, México, Nicaragua, Perú y Uruguay.

 

Rituales

 

Sentado al medio día en un banco de la plaza del pueblo,

habiendo fumado ya un par de cigarrillos y

habituándome a la parsimoniosa tarde a lomo de la mula de los años,

la quietud —hoy, de repente— se esfuma con la sombra y los pájaros.

Ha llegado un jeep que se detiene frente a la carnicería

y escupe su carga al salpicado sol de las sangres.

Son cabezas de toros, degollados al sesgo

de la rutina mortuoria, de la cadena alimenticia.

Con un hacha de largo mango

los golpes dan cuenta de la cornamenta

y la furia de la vida resollante en las ventas

se rinde ante el amasijo de ojos como vidrio molido

la carne batida en tempestad mamaria

el mundo trastocado por la muerte

en plena plaza, en plena tarde

a la vista de todos y de nadie.

 

Muchacha dormida en la mesa de un bar

 

Ella es una estatua de hielo caliente

tiene alas de seda petrificada

y es una estatua de hielo caliente.

 

Su aliento es un abismo elevado

y los puentes tendidos flotan a la deriva

en una danza de cuerpos impalpables.

 

Polvo de azúcar es lo que respira

y ese aire torrencial de diminutos cristales afilados

sostiene su perfil, las torres infinitas

el caer de las piedras al agua

como corchos de champaña.

 

Ríos turquesa acicalan los vientos

y las hojas se arremolinan

bajo su vuelo de niña distraída.

 

En un reino así

una rendija de escarcha

convida

la mirada conmovida de los otros.

 

La niebla no existe

el frío es un capricho de la niñez

y el cielo

bordado a mano sobre la tierra

se ensucia

se lava

y se seca.

 

 

Pólvora mojada

 

Un instante a solas y ya garabateo versos.

La respiración agitada,

saltos de mata por palabras enmarañadas

o la visión parcelada del explorador que se desliza sigiloso

a ras del suelo

intentando no ahuyentar.

 

Pobre aventura de la dicción y el grafito

a menudo olvidamos que

la caligrafía es un arte mayor —y queda la fauna librada a su suerte.

1 comentario

  1. Felipe Ramírez Leal dice:

    Inmenso poeta. Lo oí acá en Medellín. Sería bueno que publicaran más de sus poemas.

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