Opinión

El Muro de Donald Trump

1 mayo, 2017

Por Hugo Horacio Del Granado

En inglés no existe diferencia entre muro y pared. Ambos conceptos son expresados por la palabra “wall” que implica en general un muro defensivo o murallas para defender una plaza o territorio. Los grandes muros defensivos construidos por los chinos o el Muro de Adriano construido por orden del emperador romano del mismo nombre para defender la isla de Britania eran edificaciones hechas fundamentalmente para defender territorios de pueblos nómadas. Este mecanismo de defensa era relevante antes de la invención de la artillería moderna. Las murallas defensivas de los chinos y los romanos han sido declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO y son ahora nada más que curiosidades turísticas testamento de civilizaciones y tiempos pasados.

El Muro que Donald Trump planea o planeaba construir (o por lo menos prometía construir) es sin lugar a dudas un anacronismo carísimo de más o menos 3500 kilómetros de largo y altura variable. Este anacronismo inverosímil, le sirvió a Trump como grito de guerra para enfervorizar a sus seguidores.

Pensar que una muralla, o un muro, de las dimensiones y el costo del que Trump habló vaya a detener el flujo migratorio, o el tráfico de drogas, es una extravagancia sin parangón. Un muro de 66.9 billones de dólares (costo estimado citado por el Wall Street Journal) no va a frenar la inmigración ilegal hacia los Estados Unidos y tampoco el flujo de sustancias controladas. Amurallar un país es un método arcaico y excesivamente peculiar, por decir lo menos, y más bien refleja el bajo nivel educativo de gran parte de la población norteamericana que votó a Trump en las elecciones de noviembre del 2016. Esta idea peregrina refleja el provincianismo de gran parte del público norteamericano. El votante que quiere un muro para mantener a los extranjeros fuera del país del norte; ve a los extranjeros como los chinos o los romanos veían a los nómadas. Un mexicano, un hondureño o un boliviano son para estos votantes nada más que nómadas salvajes capaces de terminar con su civilización. Esta visión no es solamente sumamente desactualizada sino también xenófoba e irracional.

Trump y su equipo están obviamente más informados (aunque no mucho mas) que los votantes que los han empujado a la cima del poder político norteamericano y saben muy bien que un muro no va a solucionar nada. Sin embargo, usaron el tema del muro para aguijonear a estos votantes xenófobos a votar a un partido republicano cada vez más dividido y delirante. Ahora enfrentados a la dura realidad de gobernar y cumplir con lo prometido, Trump y los suyos hacen lo posible para posponer la construcción de su “bello muro” lo más posible y así mantener viva la idea del muro en la precaria imaginación de sus votantes.

Lo que según sus promesas debería haberles tomado poco tiempo de financiar hasta ahora no se empieza a construir ni diseñar y es que han pasado ya cien días desde que Donald Trump juró a la presidencia de los Estados Unidos encaramado en un muro fantasioso que además no deja de crecer: el 2014 Trump decía que el muro tendría 9 metros de altura y en febrero del 2016 el muro ya había crecido 15 delirantes metros de altura. (¡Trump al calor de una velada electoral dijo que el muro iba a llegar hasta los 24 metros de altura!).

Esta semana pasada con el fin de mantener al gobierno abierto se aprobó un presupuesto que no incluía al muro y es que se ha pasado, de tratar de obligar a los mexicanos- por medio de ucases y ordenes terminantes- a pagar el muro, a cargárselo a la cuenta de los sufridos trabajadores norteamericanos.

A la corta o a la larga esta promesa cavernaria incumplida le va a costar electoralmente a Trump. Sus votantes verán esta como una más de sus promesas incumplidas. Esta semana Rush Limbaugh, un famoso radialista conservador y antiguo colega de Trump en el mundo del entretenimiento, reflejando el sentir de muchos votantes Trumpistas dijo que se sentía “muy, pero muy preocupado” por las noticias de la postergación sin fecha de la construcción del muro imaginario de Trump.

Han pasado ya 100 días y hasta ahora no se ha iniciado la magna muralla y muy pocos parecen olvidar la promesa que Trump hiciera aquel lejano junio del 2015 desde las torres Trump cuando dijo sin desparpajo alguno: “construiré una gran muralla – y nadie construye muros mejor que yo, créanme – y la construiré muy barata. Construiré un gran, gran muro en nuestra frontera sur y haré que México pague por ese muro, recuerden mis palabras “.

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