Cultura

Lo mejor del joven cine argentino en dos películas

8 mayo, 2017

Por Aldo Solé Obaldía

La calidad del cine de una nación, no se mide en el nivel individual de sus actores o los éxitos de sus directores, sino en las óperas primas de sus jóvenes realizadores. En ese sentido, no hay duda de que el cine argentino goza de buena salud. Hasta podríamos atrevernos a decir, que vive su mejor momento. Películas como Hijos nuestros o El colchón, así lo atestiguan.

En el cumpleaños 30 de Piqui, un grupo de amigos cae sorpresivamente por su casa a celebrarlo. Lo que parecería ser una jornada de festejos entre amigos íntimos, se vuelven horas de agobio, porque Piqui, un joven homosexual se encuentra deprimido por el abandono de su pareja. En el trascurso del cumpleaños, alguien comenta que ha visto al antiguo novio del cumpleañero con una chica, lo cual, solo contribuye a enredar más el clima. A lo que hay que sumar, que, en medio de esa crisis sentimental, un objeto ancla a Piqui a su pasado: su colchón.

Finalmente, sus amigos encontrarán la forma de transformar el duelo en rito de superación. El colchón es la primera película de la joven cordobesa María Eugenia Verón. Un relato inteligente, minimalista, con picos de humor irónico, complementados con una excelente fotografía. Pero hay un dato más a tener en cuenta: su primera película es un claro homenaje al cine uruguayo, de quien la directora se siente confesamente influenciada. La línea estética de películas como Whisky o 25 wats están claramente alienada con El colchón.

Pero la película Verón es original, con ese toque comarcal, que siempre deben tener las películas originales. Altamente recomendable. Recorrió discretamente algunas de nuestras salas de cine como parte de la movida de Cine MERCOSUR. Merecería más atención.

Una historia muy distinta, con una estética visual, muy diferente, pero igualmente recomendable, es Hijos nuestros, obra escrita por Nicolás Suárez y dirigida por Juan Fernández Gebauer, y que fuera presentada en el último Festival de Cine de Piriápolis. En este caso, se trata de una película de mayor presupuesto y con actores relativamente conocidos. Es la historia de un taxista con una personalidad un tanto especial: fanático de San Lorenzo y futbolista frustrado, encarnado en Carlos Portaluppi. En uno de sus viajes por Capital Federal, conocerá a una joven mujer y su hijo adolescente jugador en Vélez, con quien instalará una efímera amistad. La actuación de Ana Katz, en la joven madre, está a la altura de un Portaluppi que ya ha demostrado otras veces, su talento a la hora de encarnar a un personaje obsesivo.

En el caso de Hijos nuestros, lo que promete ser una historia mínima más, lentamente, se convertirá en un relato vertiginoso, que no decepcionará ni a los futboleros ni a los distantes a la pasión del fútbol. Un relato necesario de apreciar para todos. Hijos nuestros y El cochón hablan a las claras de lo mejor de una prometedora generación de cineastas.

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