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Poemas de la escritora argentina-española Alejandra Menassa de Lucia

8 Mayo, 2017

Alejandra Menassa de Lucia

 

EL TESTAMENTO

No quisiera estar triste, justo hoy,
que vienes a buscarme,
me he adornado con los versos más
bellos.

Ayer leí toda la noche a Rimbaud:
Una temporada en el infierno,
¿te ríes?. No es gracioso,
ningún mérito tengo para acabar
con mis huesos en el cielo,
se me olvidó el padre nuestro
apenas salía de la edad de la pena.

Es una rara sensación saber
que hoy es el último día de mi vida,
no habrá otro miércoles para mí.

Mis ojos se acostumbrarán
al acolchado azul, a la madera
y al pequeño cristal por dónde
asoman curiosos los gusanos
y dibujan mi nombre con su estela
caliente de miseria y de baba

¿Se acostumbran también
los oídos al silencio?.
Qué soledad poblada,
qué tristes los lamentos
cuando no tienen voz.

Pero yo me he pintado los labios
con el carmín de los asesinatos,
estoy ebria de ti , mi príncipe certero.
Porque yo sé que tienes muslos de Atlas,
y un pecho varonil donde apoyar
cansina mi cabeza, tan llena de palomas.

Porque yo sé que hoy vas a besar
mi boca con tus labios de cieno,
y no me engaña tu nombre de mujer.

Podéis hacer conmigo lo que os plazca:
regar las magnolias de mi corazón,
donar mis órganos al Museo
de Ciencias Naturales,
rezarme en francés o en arameo.

Pero os juro, que me levantaré
furiosa como un león herido
de mi tumba y que os maldeciré
en todos los idiomas,
si no escribís en mi epitafio un poema:

Se llamaba Alejandra,
murió a la edad de 154 años
y tenía en los ojos una nostalgia honda,
y en los labios más versos que las
hojas del árbol que la guarda.

O quizás : aquí yace un poeta,
poco importa su nombre,
el que quiera saber,
¡que vaya y lea!.

No quiero flotadores en mi nicho ,
quizá un parasubidas ,
como el de Altazor poeta.
Los versos no pierden
nunca las alas ni el deseo de volar.

Ah,¡ tomad el oro!, de nada ha de servirme
cuando mi carne reblandecida
ceda al beso de la larva
deshaciéndose en nauseabundos néctares ,

Y dejadme unas flores,
orquídeas si es posible
sobre la oscura piedra,
que se vayan secando
al ritmo de mis músculos.

Primero el pétalo perderá
su blancura,
y mi piel se hará lechosa,
se desprenderá al menor roce.
Amarillearán los bordes de la flor,
y mi grasa se habrá licuado
cual inútil brebaje, también amarillento.
Perderá toda el agua el órgano del árbol
y un festín con mi hígado
se darán los gusanos.

El tallo cederá más tarde su frescura,
pero mis huesos son como mármol
de Grecia, y os será más difícil acabarlos.

Es tan aburrido morirse sola, sola,
un ataúd biplaza sería lo mejor.
Firmo este testamento
con tinta de mi sangre.
Y mirándome al espejo
retiro con el mismo pañuelo
de las lágrimas el carmín
de mis labios y no te espero más,
El hombre es ese ser que se equivoca
hasta en la fecha oscura de su muerte…

 

ODA A LA POESÍA

 

Tú: la forma más pura del lenguaje.

Eres un hombre lúbrico y su semen.

Tú: decantación de la humana historia y su milagro,

su sostén y sus alas,

único acercamiento posible a lo indecible.

 

Refulgentes como astros se alzan de la tumba tus poetas,

los que moran en tu vientre,

los que haces nacer en plena página,

aquellos que pares cada día a la luz rosada del poniente.

 

Te arrastras por el barro con el soldado,

te me vuelas de noche con las trapecistas

gozas en la cama de las meretrices,

acompañas insomne las noches de trabajo del galeno,

te pierdes en la luz insistente de la fábrica,

en la luz tenue de los teatros,

en la luz cefálica de las minas.

Haces girar el mundo con tu ritmo,

con tus exhalaciones se pueblan las cantinas,

en tu sangre laten el poeta, el sacerdote y el mendigo.

El agujero por donde se entra al mundo,

no es ese que el pincel de Courbet inmortaliza;

son tus brazos ahuecando la muerte para que el poeta nazca,

son tus piernas abriéndose a la noche para exhalar su alma.

 

Eres del hombre, su diamante,

su gema maravillosa, pero también, el resto del lenguaje;

desperdicio, vacío que lo hace nacer,

el epitafio del sentido,

la muerte de la razón,

la burla de la carne.

Dama inmortal, hombre sacrílego,

muere el dolor acuchillado, en tu presencia.

 

SEXO ORAL

Ven aquí, déjame que atraviese tus miedos con mi dicha,

déjame que deshaga la niebla de esta noche,

que fulmine tus dudas, déjame que te nazca,

que te moldee como arcilla o como piedra,

sé mi antorcha, mi faro, sé mi niño y mi padre,

hazme la señal de la cruz en el regazo,

sé irreverente, excomúlgame,

Dime que soy tu pecadito, tu luz extinguiéndose,

dime que Diógenes ya no busca más con su farol

porque me halló en la noche,

y prefirió dormir conmigo los siglos que le restan.

Dime que en el poema está permitido disentir,

está permitido gritar, está permitido para mí:

-ser de la ausencia, mutilación atómica,

dueña de la oquedad, orquesta sin batuta-,

pronunciar las palabras que me hagan libre,

desear deseos, centelleantes bengalas contra toda desidia.

Dime que me dejarás desgarrar la noche con mi alarido,

dime que conversaremos hasta extinguir

con las palabras el silencio, para hacerlo nacer después,

con el punto y coma de los besos.

 

Hablemos, hablemos, dime que las palabras son un suelo firme,

un elixir contra el hastío;

Exprímeme como a un fruto, líbame hasta secar todas las humedades,

márcame con la marca invisible del deseo,

acósame, derríbame, sé mi bestia, mi dinosaurio feroz.

Sé mi enemigo venial y mi amigo mortal, perfórame las horas.

Háblame, háblame. Que no hay sexo más atroz que la palabra.

 

Alejandra Menassa de Lucia nace por primera vez en Buenos Aires en 1972 y por segunda vez en España en 1977, país en el que residirá desde entonces y donde se formará como Médico especialista en Medicina Interna y Psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.

Ha publicado en poesía: Primera Inquietud, Al oído del viento, La llave de los días, La muerte en Casa, La piel del deseo y El hombre que esperada.

2 comentarios

    1. Catherine Wild dice:

      Sorprendente. Que elocuencia. Hay frases hermosísimas como “sé mi antorcha mi faro sé mi niño y mi padre”.
      ” hazme la señal de la cruz en el regazo”
      “Dime que las palabras son un suelo firme. (….) Que no hay sexo más atroz que la palabra”
      Sinceramente: ¡¡Felicitaciones!!

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