Cultura

Poemas del escritor uruguayo Carlos Almeida

19 Mayo, 2017

Carlos Almeida

Guy Fawkes

El pasado no deja marcas,

todo se resuelve en ¿odio y guerra?

¿qué odio y qué guerra?

Gira el planeta y golpea

cien, mil, un millón cerca del acero

tiran del gatillo y no apuntan, sin escape.

La batalla terminó pero no el humo

las heridas, el socorro, los escombros.

Aunque faltó poco para tenerlo todo,

se apagó como faro entre la niebla.

Sin secretos para guardar, son en vano los poetas

cien, mil, un millón de palabras

tan vacías, tan sordas, tan grito bajo el agua.

Ya cada cosa en su lugar,

inmóvil al fuego y la fuerza no alcanza,

jamás alcanzó.

La revolución es rutina.

“Seis de copas” (Ed. Voces, 2008).

INVASIÓN

I

Desde aquí es todo tan semejante

que basta cambiar el nombre de una

o dos cosas

para llamarlo casa

Eterno parecido de lo que está

y lo que se avecina.

No sólo el álgebra duplica

también la poesía, el hambre, la pena.

la carne, el deleite, la fortuna.

(de Invasión, 2009)

CANTO AJENO – II

Igual podría desentrañar un relato

de cómo el hijo de Irene me paga para acechar su muerte

al borde de una cama de sanatorio.

(la alimento, escucho la historia del automóvil y el frenazo por quinta vez).

Mi memoria derrama recuerdos que no me pertenecen.

De cómo el empleado de la Remington abandona la pólvora al abrazo de plomo de cada uno de sus cartuchos

(desayuna con su mujer y sus hijos, no lo intimida el rotario celoso que le corta el aliento de un balazo).

El cielo se abalanza sobre los techos.

De como el pescador devuelve la espalda al océano

los peces boquean en su morral, codiciando el último anzuelo

cenaron gusanos, serán cena de un rey asesinado por su hermano que será cena de gusanos

(es interminable la escena, se repite a cada muerte).

El viento busca su forma entre la arboleda.

En ubicarme por las calles de Brasilia, la de las calles trazadas,

me extravié entre Sonora y Nairobi,

el centro fue el final y al contrario,

también el eje de partida fue el de llegada.

Ni brújula ni mapas pudieron ayudarme:

el desierto, al final, es uno solo;

las tempestades los alteran a diario

la cirugía furiosa del huracán engendra una cara nueva cada día;

sucede que el viento mueve cada duna,

cada grano de arena que se apila sobre otro

es hijo de una roca engendrada por una montaña

inmóvil al principio, cimentada hasta su mismo centro al suelo.

Así, el tiempo no tiene fin

cambian la fe, la técnica y el relato

pero el océano es infiel a todas sus orillas.

En el mar de leva late la lluvia que mañana es río,

un libro de mil páginas amordaza una frase repetida:

una y cien veces es igual;

igual el olor del pan nublando las calles de Marsella.

Descubro armonía en los días de litio,

en los fines de semana acechando por la mirilla de la puerta,

encontrando la gloria en la desnudez de la mente, en el pánico perfecto,

sumando las horas que estuve inmóvil,

errando por los confines de los cuatro rincones de mi cuarto

para terminar empantanado en el arenal fangoso de Broadway y Madison

donde el hormigón de las veredas amordaza el aliento a los espinillos.

(Canto Ajeno, 2014).

 

Carlos Almeida (Bella Unión, 1982). Estudiante de letras y profesorado de Literatura, actualmente dedicado a la actividad comercial en la ciudad de Montevideo. Participó en los volúmenes colectivos “Seis de Copas” e “Invasión” (Editorial Voces, 2008 y 2009) y “Canto Ajeno” (Antítesis, 2014). En ochomenosdiez.blogspot.com publica textos propios en proceso y los ajenos que le gustaría haber escrito.

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