Opinión

Los insultos de Donald Trump

21 mayo, 2017

Por Hugo Horacio Del Granado

La agresión, encarnada en insultos es, según Lacan, un mecanismo de defensa para ocultar una profunda debilidad o, son utilizados para dar, al que los profiere una seguridad pasajera ante una verdad a veces dolorosa. En general los insultos utilizados dicen mucho de la persona que los utiliza. Un estafador, un cobarde o un asesino utilizan insultos diferentes a los que utilizaría una persona segura de sí misma durante un exabrupto.

La cantidad de insultos proferidos por Donald Trump desde que lanzó su candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos en junio del 2015 es enorme y no hace más que, gracias a twitter, aumentar. Y estos dicen mucho más de su verdadero temperamento y verdadera personalidad que muchas de sus biografías.

El 16 de junio del 2015 desde las decadentes Trump Towers en Nueva York Trump dijo: “los mexicanos, están enviando gente que tiene muchos problemas, y están trayendo esos problemas con ellos. Traen drogas. Traen delincuencia. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas”.

Esa frase causó entonces una polémica que reverbera hasta ahora. Trump estaba fundamentalmente acusando a todos los hispanoparlantes de ser violadores, narcotraficantes y en general criminales.

Ese insulto, ahora, a la luz de las nuevas revelaciones sobre sus relaciones con Rusia, Turquía y Vladimir Putin -lo podemos afirmar ahora con claridad meridiana- decía, lamentablemente, más sobre Trump que sobre los 400 millones de hispanoparlantes que hay en el mundo.

Trump ha, parafraseando a Borges, fatigado el Código Penal. El vendaval de acusaciones e investigaciones (muchas de ellas secretas) y revelaciones sobre su pasado ha dejado ya establecido su indomable afán por violar cuanta ley haya en existencia.

Trump a través de los años ha sido vinculado a narcotraficantes (el caso de su piloto condenado por tráfico de cocaína Joseph Weichselbaum ha sido analizado hasta el cansancio por algunos de sus biógrafos), proxenetas (como su ex socio Tevfik Arif) y estafadores (Felix H. Sater, quien estuvo preso también por haber apuñalado a un hombre con un vaso de margarita es, solamente, uno de muchos).

Ahora Trump se enfrenta a acusaciones de gran calibre. El Senado de los Estados Unidos lo investiga, al igual que la Cámara de Representantes y el FBI. Los crímenes por los que es investigado son enormes y es muy posible que sea alejado del cargo en los próximos meses (al menos que, a la usanza de algunos líderes latinoamericanos, pida asilo político en algún lejano país durante su primer viaje internacional).

Lo triste del caso es hacer notar que muchas facetas de su pasado criminal eran ya, durante la campaña presidencial, ampliamente conocidas por el público norteamericano. Estaban documentadas y fueron debatidas en los medios de comunicación masivos. Más triste es todavía pensar, que grandes sectores de votantes Republicanos todavía lo apoyan e incluso votarían por el de nuevo.

Este es un examen muy triste al que los Estados Unidos están siendo sometidos. Esperemos que esta democracia plena relativamente nueva (los votantes de color, los denominados afro americanos recién fueron insertados a la plena ciudadanía en los años 70 del siglo pasado) con una larga historia de autoritarismo en los estados del Sur, en los que antiguamente la esclavitud era legal, pase esta dura y auto infligida prueba. Esperemos también que el mundo la sobreviva y que algún burócrata benigno cercano al líder norteamericano mantenga los dedos de Trump alejados de los controles que activan las bombas nucleares.

3 comentarios

  1. Teresa dice:

    Muy buemo. Felicidades.

  2. Jacqueline Delgado dice:

    Muy cierto, pero sera posible que lleguen a destituirlo?

  3. Cole dice:

    Interesante análisis, felicidades Huguito

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