Opinión

La virtud del pensamiento crítico y el escepticismo en nuestro tiempo

6 Junio, 2017

Por Mario Mercado Callaú

Miembro del Colegio Abierto de Filosofía

Revista PERCONTARI

 

“No imité a los escépticos que dudan sólo por dudar y simulan estar siempre indecisos; al contrario, mi intención era llegar a una certeza, y excavar el polvo y la arena hasta llegar a la roca o la arcilla de debajo” René Descartes.

El escéptico astrofísico y divulgador científico Carl Sagan (2005, p. 225), relató en uno de sus escritos sobre su anhelo de creer en la existencia prolongada de la vida más allá del plano terrenal, esto, posterior a la muerte de sus padres.  “Hay una parte de mí… que se pregunta dónde estarán”. También escribió, que la última palabra que dijo a su padre antes de morir fue “cuídate”. Está situación muy triste para la mayoría de los mortales, nos pone en perspectiva  mostrándonos la fragilidad humana debido a nuestras poderosas emociones y sentimientos, sobre todo en momentos tan duros y de vulnerabilidad que un momento dado se encuentra cualquier individuo. Lo cierto es, que en épocas diferentes, los hombres han sido bombardeados por pregoneros de la “verdad” y que no merecían ningún tipo de cuestionamiento. Es probable que un fotón de “divinidad” se encuentre en aquellos que escogieron el camino de rebelarse contra lo formalmente establecido. En el presente, la información es tan basta que se hace difícil identificar entre lo que posiblemente sea más cercano a la “verdad” que lo falso. Incluso se habla de una era en política en la que impera la posverdad. Sobre esta problemática, sea hace vital desarrollar barreras que protejan y eviten el engaño por embaucadores ingenuos y/o inescrupulosos  que buscan algún beneficio personal. Hombres de todo tiempo, están siempre prestos a engañar a los suyos de forma consciente o inconsciente, debido a falsas creencias y al no haber desarrollado la capacidad de distinguir lo posible de lo improbable. Pasa que la historia nos muestra incontables casos de este tipo, y que incluyen a dogmas religiosos e ideológicos, muchas veces tan fuertes que no dan cabida a la razón. Y es ahí, donde el escepticismo puede funcionar para cuestionar ciertas ideas o argumentos. Los embusteros están a la orden del día, y el problema no solo se traduce en que puedan vaciar la acaudalada o poca fortuna del incauto, con tesis religiosas falsas y con mágicos remedios naturales, sino que también pueden atentar contra la vida. Casos como el de Jim Jones y su iglesia el Templo del Pueblo, en el que muchos de sus fieles no supieron en que momento perdieron el control de sus mentes y vidas para participar en uno de los suicidios masivos más impactantes del siglo XX. En esa línea, las cirugías psíquicas realizada por filipinos donde personas de todo el mundo viajan para sanarse, porque se corrió el rumor de que curan a los pacientes extrayendo el “mal”, pero que los índices de las personas curadas están por debajo de aquellos pacientes que sobreviven sin someterse a ningún tipo de tratamiento. El escepticismo no se trata de caer en un pirronismo agudo, sino más bien en probar hasta qué punto un argumento, tesis o dogma, si se quiere, tiene algún tipo de comprobación que medianamente se acerque a la verdad. Quizás la herramienta falible y perfectible que nos pueda ayudar a desenmascarar los fraudes sea el método científico. Imaginemos por un segundo vivir en un mundo sin mortales que no se hayan dado a la tarea de cuestionar por ejemplo; ¿qué es el sol, un Dios o algo más? ¿Cómo funciona la naturaleza? ¿Cómo funciona el cuerpo humano? ¿Por qué un Rey es la autoridad impuesta por Dios? Es muy probable que muchas de las cosas que vemos y conocemos hoy en el mundo no existieran.

Por otra parte, el astrofísico y divulgador científico Neyl deGrasse Tyson en una de sus conferencias trata de mostrar la otra cara de los argumentos de aquellas personas religiosas que exponen destacando la participación de un «Diseñador Inteligente» en la creación del universo. El argumento de estas personas se basa en que muchos científicos (entre ellos los más grandes de la historia) reconocen en sus escritos la importancia de este diseñador para afirmar nuestra existencia, y que sin tal causa (diseñador inteligentes), no existiéramos como efecto. Por su parte, Neyl deGrasse expone que estos genios (entre ellos Ptolomeo padre de la geografía, Galileo y sus avances en astronomía y física, e incluso Isaac Newton con sus avances sobre la Ley de gravitación universal y sus estudios fundamentales de la mecánica clásica) argumentaban sobre la importancia de un Dios o diseñador inteligente, no para fundamentar que esa Divinidad sea importante para la creación, sino que más bien, cada uno de estos genios reconoce al diseño inteligente cuando llega a los límites de su propio conocimiento. Explicado de otra manera, sólo argumentaban la existencia de un Dios para rellenar el espacio o los huecos que la ciencia y el conocimiento humano no había podido descubrir en cada uno de los momentos en el que vivieron estos genios. Esos espacios vacíos de conocimiento hacen que religiones y pseudociencias tomen partida acarreando fieles y creyentes que lo único que buscan es creer y no saber. Hoy la mecánica cuántica describe fenómenos tan complejos que solo podemos medir a escala atómica, pero a nuestra escala se hacen imposibles de creer. Si tomamos en cuenta su principio de incertidumbre, podemos hablar de una creación espontánea de materia en pequeñísimas unidades de tiempo, no cumpliendo durante ese breve período con el principio de conservación de la energía. Estos avances científicos se están dando en todos los campos, pero la baja educación, superstición y dogmas, hacen que muchos individuos no lo reconozcan como ciertos. Depender cada día más de la ciencia y la tecnología sin que la sociedad la entienda, debe causarnos algún tipo de preocupación. La llegada al poder de líderes que sufren del efecto Dunning-Kruger (cuanto menos saben más listos se creen) o que viven influenciados bajo algún tipo de doctrina, creencia o ideología que no da cabida a la razón, teniendo a merced aparatos tecnológicos de destrucción masiva, están peligroso como tener ciudadanos crédulos y poco críticos sobre la realidad que hoy nos toca enfrentar. Carl Sagan (2005, p. 226) en medio de su dolor reflexiona acerca de lo fácil que una persona puede caer en un « timo poco elaborado», esto por los numerosos individuos (charlatanes sería más correcto) que dicen comunicase con los muertos. Sagan comprende su propia vulnerabilidad y antes de caer en la tentación de lo que quisiera creer escribe: «De mala gana recurro a mis reservas de escepticismo».

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