Cultura

Viaje al centro de la galaxia Björk

14 junio, 2017

La compositora, cantante y creadora audiovisual islandesa visita Barcelona por partida triple: presenta en el CCCB la exposición Björk Digital, que reúne sus videoclips de realidad virtual construidos a partir de su disco Vulnicura, e inaugura el festival Sónar de música, tecnología y creatividad con una peculiar sesión de DJ de cuatro horas y una conferencia sobre la utilización de las nuevas tecnologías en su obra, una relación en la que prevalecen siempre las emociones humanas.

Desde que emprendió su carrera en solitario con Debut en 1993, Björk (Reikiavik, 1965) no ha pisado nunca ese lugar que los mercaderes de la autoayuda llaman “zona de confort”. Siempre a la vanguardia en el ámbito musical y en el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la creatividad, la compositora, cantante y artista audiovisual ha buscado siempre la innovación técnica y estética en su música, en sus espectáculos y en sus videoclips (imposible olvidarla convertida en robot por Chris Cunningham hace ya veinte años en el vídeo de All is full of love). También fue pionera en el empleo de las aplicaciones móviles para difundir su música en formato interactivo y multimedia (Biophilia, 2011) y ha ideado nuevos y extraños instrumentos, como la gamelesta (híbrido entre gamelan y celesta), el arpa de gravedad o un impresionante sintetizador basado en la bobina de Tesla, además de haber adoptado otros, como Reactable, desarrollado en 2003 por un equipo de investigación de la universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

La última obsesión de la multifacética artista islandesa es la realidad virtual. Quiere que nos sumerjamos de lleno en su inquietante y siempre fascinante universo y esa es la manera más intensa y completa que existe a día de hoy. Desde este miércoles podemos hacer ese viaje, mezcla de concierto privado, cine y performance (de hecho hay que reservar hora y fecha al comprar la entrada) en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) gracias a la exposición Björk digital, que previamente ha pasado por Tokio, Sídney, Montreal, Reikiavik, Londres y Los Ángeles.

El proyecto, comisariado por la propia artista y en continua evolución, ofrece una experiencia surreal (en el sentido verdadero del término, superior a la realidad) en la que el espectador establece un contacto tan íntimo con Björk que incluso llega a meterse dentro de su boca mientras sus dientes, su lengua y sus cuerdas vocales articulan las melodías de Mouth Mantra. Esta es una de las cinco piezas de realidad virtual que incluye Björk digital, basadas en sendas composiciones de su último álbum, Vulnicura, lanzado en 2015.

NotGet VR, dirigido por Warren Du Preez y Nick Thornton Jones, presenta a Björk transformada digitalmente en polilla gigante mediante técnicas de animación 3D, mientras que Family ofrece la experiencia más interactiva, al permitir modificar el entorno mediante unos mandos.

Son obras que también tienen versiones “tradicionales” de vídeo 2D o en 360° visibles en su canal de YouTube, pero en las salas del CCCB, mediante las gafas de realidad virtual, visión estereoscópica (3D) y en algunos casos la capacidad de interactuar con el entorno contemplado, se convierten en una experiencia completamente diferente. La directora de exposiciones del centro, Rosa Ferré, la define como “una ópera tecnológico-musical” y destaca los cambios de escala a los que se ve sometido el visitante como los efectos más impactantes del montaje.

“Me hace mucha ilusión que veáis los vídeos de realidad virtual de Vulnicura“, dice Björk en la nota que da la bienvenida a la exposición. “Surgió de forma muy natural que me aventurara como soldado raso en el circo privado que es la realidad virtual precisamente con un material como este”. Su primer paso hacia este campo, de la mano del realizador Andrew Thomas Huang, fue el rodaje del videoclip de Stonemilker , uno de los primeros vídeos grabados en 360°, en 2015, cuando el formato aún no había empezado a popularizarse a través de YouTube y otras plataformas.

Antes de la inmersión en la realidad virtual, la exposición arranca con una versión con dos pantallas y 40 puntos de sonido del videoclip de Black Lake, rodado en formato ultrapanorámico en el que aparece Björk un paisaje típicamente islandés, con cuevas, desfiladeros y un campo de musgo que crece sobre lava solidificada. El vídeo, dirigido también por Huang, se realizó expresamente para la retrospectiva que el MoMA de Nueva York dedicó a Björk hace dos años.

La muestra se completa con un espacio audiovisual donde pueden verse todos los videoclips que Bjork ha lanzado en sus 24 años de carrera en solitario en colaboración con directores como Spike Jonze, Michel Gondry, Nick Knight y Stephane Sedanaoui, y con una zona enfocada a la creación musical basada en su proyecto interactivo y educativo Biophilia, que incluso se ha introducido en los temarios escolares de Escandinavia y que será el centro de las actividades educativas paralelas a la exposición en el CCCB.

Björk en una de sus sesiones como DJ. Foto: Santiago Felipe

Björk digital está producida por el CCCB, las promotoras Sold Out y DG Entertainment y el festival Sónar, que la artista islandesa inaugurará también este miércoles con una sesión de DJ de cuatro horas para la que ya se han agotado las entradas y en la que mezclará su colección de músicas y sonidos que suele utilizar como fuente de inspiración para su propia obra. Como señala el cofundador y codirector del Sónar Enric Palau, la artista ha recomendado “que el público venga preparado para sentarse y dejarse llevar” ya que no es un set de música de baile, aunque también habrá momentos para ello. “Es un espectáculo distinto, en consonancia con la reformulación constante que Björk hace de los formatos. Siempre ha huido de lo convencional y tanto su actuación como la exposición de realidad virtual suponen un paso más en su inconformismo”, opina Palau.

Además, en el marco de Sónar+D, las jornadas profesionales paralelas al festival, Björk dará una charla en la que explicará detalladamente su compromiso con las nuevas tecnologías aplicadas a la creatividad, una confluencia en la que no puede faltar nunca el componente emocional, como ha declarado en numerosas entrevistas.

Y emoción a raudales es lo que el oyente encuentra en Vulnicura, un álbum que relata cronológicamente la separación de su pareja, el artista Matthew Barney, con quien tiene una hija de 12 años. De hecho, Vulnicura significa en latín “cura para las heridas”. Sus letras, sinceras como heridas abiertas en el pecho, no esconden esta vez su significado detrás de oscuros simbolismos, y nos hablan de “respeto emocional”, de incomunicación, de la extinción del amor, de la búsqueda de claridad.

En el plano musical encontramos a la Björk de siempre, que nunca es la misma, con sus melodías difíciles y etéreas, su sus armonías complejas o atonales, un sinfín de texturas sonoras y bases que oscilan entre la polirritmia y la ausencia total de compás, aunque en esta ocasión la compositora concede una relevancia especial a la sección de cuerdas, con unos arreglos afines a la altísima carga emocional del disco. Como señala su autora, “Vulnicura es el primero de mis álbumes en el que las canciones insisten en cierto orden cronológico, una vez escritas se hizo patente que, sin querer, me había adentrado en la narración de una tragedia griega”. Hasta el 24 de septiembre hay tiempo para adentrarse con ella, ayudados por las máquinas, en lo más profundo de las emociones humanas.

 

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