Opinión

Infierno en Bolivia; 53 Años Después

23 Junio, 2017

Sangre, dolor y lágrimas, ofreció a su pueblo el gran estadista ingles Winston Churchill para salvar a su patria de la destrucción con que la amenazaba Adolfo Hitler. Víctor Paz Estensoro y Hernán Siles Zuazo dieron al pueblo boliviano igual dosis de lágrimas, sudor y sangre, pero no para defenderlo o engrandecerlo, sino para destruirlo con su sistema político similar al de Rusia o China, hipotecándonos hasta Dios sabe cuándo.

Es de esta manera que inicia el fantástico libro de Hernán Landívar Flores, boliviano nacido en el departamento de Santa Cruz de la Sierra que atravesó de una manera dolorosa por todo el proceso de la revolución nacional, quien de una manera adelantada a su época y con la mínima formación académica posible realizo uno de los ensayos críticos más sobresalientes de la historia boliviana en la segunda mitad del siglo XX, en opinión de un servidor.

Han pasado 53 años desde que público por primera vez su libro intitulado “Infierno en Bolivia”, en el que denuncia abiertamente y sin ningún tipo de temor las vejaciones a las que él cómo cientos de bolivianos fueron sometidos desde el 11 de abril de 1952. Eludiendo el nacionalismo enajenante de la época y el aparente heroísmo de las acciones de los movimientistas del MNR, Landívar relata todo sobre los espeluznantes acontecimientos liderados por Estenssoro y Zuazo en compañía de todos sus partidarios.

Destacaron las cámaras de torturas y el campo de concentración en Corocoro, lugares donde los perseguidos políticos eran llevados para ser torturados y en muchos casos asesinados a nombre de la sangrienta revolución, las persecuciones hacia las familias de cualquier detractor del movimiento y el exilio en propia tierra, pues aquellos que no caían por desgaste físico eran puestos en libertad para morir lentamente de hambre al no poder conseguir trabajo.

Si bien su obra se encuentra plagada de fanatismos del lado contario a la revolución como ser patriotismo católico ortodoxo, mesianismo en relación a los líderes caídos y una notoria parcialidad por el partido liberal de Bolivia, el autor consigue dilucidar los hechos que contradecían el aparente espíritu patriótico de la revolución, minimizar sus supuestos logros ya que con sus acciones futuras caerían en las mismas prácticas de sus predecesores y separar al humano del caudillo, es decir, identificar la humanidad frágil y manipulable de los líderes de ese entonces, quienes como el mismo describe, no eran más que hienas en busca de presas fáciles de cazar.

Considero que es importante revivir esta obra olvidada en las bibliotecas del país por una sencilla razón, los bolivianos a lo largo de nuestra historia adolecemos del mal congénito del olvido de nuestra propia historia y particularmente olvidamos todos los hechos nefastos que atormentaron a nuestros ancestros, lo que nos lleva a repetir los mismos errores una y otra vez.

Así como la población deposito su fe ciegamente en Víctor Paz Estensoro, lo que nos llevó a una era de gobiernos caracterizados por el partidismo exacerbado, unilateral y corporativo, actualmente nos vemos en una situación similar, donde la demagogia, monopolio de Estado y caudillismo nos ha introducido en un terrible estancamiento retrograda en el que nos vemos reducidos a simples fichas, sustituibles a los ojos de nuestros pedestres y chabacanos líderes.

“Infierno en Bolivia” es un grito clamoroso que muy pocos ha conseguido escuchar, en el que llama a la reflexión continua sobre la manera en que dirigimos nuestros destinos como miembros de una nación, en el que resalta el hecho de que cualquier ideología que requiere robar, engañar y asesinar, por más bien intencionada que sea, a la larga nos llevara a todos a la ruina.

Landívar escribió su obra con la creencia de que la historia daría su veredicto final, en sentido de que la conciencia colectiva condenaría la barbarie de la revolución en el futuro, pero aquí estamos 53 años después y la mentalidad no ha cambiado.

El autor es politólogo

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