Opinión

DECLARACIÓN DE GUERRA A LA ALCALDÍA

27 Junio, 2017

Señores Alcaldillos, en los últimos días, ante la desesperación de su Gestión por emplazar a la fuerza su putinódromo en Coña Coña, sus asesores políticos y sus lloq’allas de comunicación han realizado una campaña mediática bien elemental, burda y cojuda. Primero se han inventado que “casualmente” y “guiados por el olor” funcionarios municipales habrían “encontrado” UNA (no varias, UNA) plantita de Marihuana en la lagunita. Ahora, dos cuentas falsas del Face (chico y chica) están publicando memes (tan mal escritos y tan mal diseñados que parecen haber sido hechos por alumnos de Quasimodo) que vana e ingenuamente creen que pueden desprestigiar al Colectivo No a la Tala de Árboles en Cochabamba asociando a sus miembros con partidos políticos o simplemente lanzando calumnias al mejor estilo de la política criolla del corrupto nacido en mala cuna, iletrado y con complejos por su marginalidad social. Arguedas los define con una palabra que ahora está prohibida pero que seguro les sonará familiar.

La torpeza que cometieron es que como yo he defendido en sendos artículos la iniciativa de este Colectivo (del cual no puedo decir que sea un activista pero que al margen de estar integrado por gente de primer nivel, son mis amigos) sus pongos me incluyeron a mi en su jueguito. Error, putos. La cagaron. Pasa que no tengo jefe ni respondo a ninguna organización ni institución política, soy anarquista, lengua larga y -a diferencia de sus puerquitos serviles- sé leer y escribir y resulta que además tengo las q’orotas en su sitio y por eso lo hago con mi nombre y apellido. No soy un aborto anónimo y bastardo como esos don nadies, engendros de la violación que el ignorante propició a la decencia.

Dado que vuestra cobardía y acomplejada existencia les impide dar la cara, entonces les declaro la guerra a todos, pues cuando una institución ataca o defiende sus actos en el anonimato y metiendo la cabeza al culo, la responsabilidad recae sobre todos, desde el sonrisas que en vez de hacer gestión está preocupado por blanquearse los dientes, pasando por el asesor que actua como si consumiera los alcaloides de su apellido, seguido del arribista secretario que sólo atina ser un contreras y terminando en el contratado (con nuestra plata) aprendiz de publicista que tiene orgasmos cada vez que piensa en plata mal habida. Mientras más anónimos lancen, más les mento la madre. Den la cara, putos. Esto es una guerra.

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