Opinión

Apuntes sobre la utopía

13 Julio, 2017

Sir Thomas More (conocido también como Tomás Moro), fue un abogado, escritor, político y humanista inglés. Originario de Londres, nació el 7 de febrero de 1478 y murió decapitado el 6 de julio de 1535, tras ser condenado a cadena perpetua, por su enemistad con el rey Enrique VIII. A raíz de que no quiso prestar el juramento antipapista en 1534, siendo encerrado en la torre de Londres, donde pasó un año.

A Moro le practicaron un juicio sumario, siendo condenado a muerte por el delito de alta traición.

Su enorme e incansable curiosidad lo llevó a trabajar en distintas áreas. Pudo destacar en poesía, como pensador, fue traductor y escritor, canciller de Enrique VIII, profesor de leyes, juez de negocios civiles e incluso abogado.

Utopía se publicó en latín en el año1516 y ha hecho de Tomás Moro uno de los pensadores humanistas más eminentes del periodo del renacimiento. El catolicismo de su autor es indudable, pero, no aparece explícitamente en el texto. De ahí, que Utopía pueda ser leído en diversas claves de interpretación que van desde: religiosas, filosóficas, políticas, etc.

Utopía es una profunda parábola que pretende convertirse en un hacer auténtico. Por algo ese término, “utopía”, fue inventado por Moro, que parece claro que intentaba hacer ver los males sociales y políticos de su época: inflación, corrupción, malos tratos a los pobres, guerras sin ningún tipo de finalidad, ostentación de la corte, abuso del poder y todo aquello que podamos imaginar que son capaces de hacer los hombres con un poco de poder.

Moro describe un mundo ideal, localizado en una isla con una sociedad organizada racionalmente. Utopía es una comunidad que establece la propiedad común de los bienes, el trabajo compartido, los espacios dedicados a la lectura y el arte, la búsqueda de la igualdad disolviendo las diferencias sociales y atisbando elementos democráticos.

No todos los escritores sobre utopías son utópicos. Para serlo es necesario que tengan fe en su imaginación política, es decir, que tengan la capacidad de creer que el mejor de los mundos no es solamente pensable, sino también posible e incluso inevitable, porque la misma fuerza de las cosas nos lleva hacia él. Los sueños y esperanzas suelen ser el motor que mueve a los revolucionarios hacia los sueños utópicos.

El pensamiento utópico y el diseño de utopías no han sido una mera divagación o una cuestión marginal a lo largo de la historia del pensamiento de occidente. Son numerosas las teorías utópicas y también los intentos de aplicación práctica de las mismas. Podemos nombrar por ejemplo la sociedad ideal de la República de Platón hasta las corrientes altermundistas que tenemos la capacidad de observar en nuestra sociedad, pasando por el buen salvaje de Jean Jacques Rousseau, el mayo francés de 1968 y sin dejar de lado propuestas radicales que, en sus orígenes también fueron utopías como el estalinismo o el nazismo.

En Bolivia podemos mencionar a dos intentos de utopías. La primera, la liderada por Andrés Ibáñez y su liderazgo en el Partido Igualitario. Ibáñez en un acto casi teatral se puso la chaqueta de artesano y dijo ser uno de ellos, de esa manera se hizo con el apoyo masivo de artesanos y diversos gremios de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Obviamente, estás acciones fueron repudiadas por las élites identificándolo como comunista con el sueño de recrear en la capital oriental la Comuna de París; la segunda, es la creación de Fausto Reinaga, la ciudad ideal de Sacambamba es el lugar donde la cosmovisión de los pueblos de los andes conviven con instrumentos de última tecnología, lugar donde convive los usos y costumbres precolombinos con los aparatos de la modernidad.

La utopía esa fuerza que mueve a los hombres a los sueños más sublimes y los aleja de la cruenta realidad.

El autor es politólogo y Subdirector de Gaceta Hoy

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