Cultura

Bajo la arena: un film valiente y necesario

17 Julio, 2017

Para muchos de los que les ha tocado padecer una guerra, ha existido algo más sufrible que la guerra misma: la posguerra.

Generalmente, se traduce en el martirio de purgar las culpas ajenas, entre los vencidos y superar el rencor que bestializa, entre los vencedores. Tratándose de la Segunda Guerra Mundial, es el cine europeo el que mejor nos ha sabido presentar esos relatos tan maduros como descarnados. Superar el mero relato belicista y patriotero, indagar en las profundidades humanas, proponer un vínculo cercano entre enemigos que muta y se humaniza, en la medida de sus proximidades, todavía tiene el sabor de lo rupturista y la escasez.

Pero lo cierto es, que, con el paso del tiempo y el deshielo de las pasiones en la Europa de los últimos años, tanto los historiadores como los cineastas, han comenzado a girar de perspectiva y se han animado a indagar en una realidad, que a todas luces nos recuerda, que quienes fueron estigmatizados de victimarios también fueron víctimas. Así lo plantea, basada en hechos reales, la película danesa Bajo la arena (Under sandet), guionada y dirigida por Martin Zandvliet, del 2015 y que, en el 2016, pasara sin pena ni gloria por los Oscar, en la nominación a mejor película de habla no inglesa. Para muchos, la guerra no acaba cuando se firma la paz. Al final de la Segunda Guerra Mundial, quedaron en las playas de Dinamarca, la mayor concentración de minas del conflicto.

Inexplicablemente, los alemanes habían pensado en un desembarco a gran escala en esas costas y lo trataron de prever, creando los mayores campos minados de toda Europa. Ahora, había que desactivar un millón y medio de minas. Por eso, cuando Alemania se rindió en 1945, en la costa occidental danesa comenzaba otra dura batalla: la de los jóvenes soldados alemanes que fueron obligados a retirar esas minas, con un horrendo costo. Zandvliet, en un relato valiente, muestra el maltrato infligido a esos prisioneros, muchos de los cuales, ni siquiera eran adultos, develando un oscuro episodio de posguerra poco conocido. De ese modo, nos recuerda, que la guerra no solo había bestializado a los alemanes.

Nos recuerda también, que, al crimen cometido por los nazis, de arruinar generaciones enteras de jóvenes en el adoctrinamiento para el odio y el suicidio masivo, se sumó el crimen de los vencedores en los países ocupados, que descargaron su ira contra los que al final del conflicto quedaron en la primera línea de fuego y en el último eslabón de mando. Por si fuera poco relato, el film de Zandvliet, culmina con cifras tan esclarecedoras con escalofriantes: Unos 2000 prisioneros alemanes fueron usados en las peores condiciones, para desactivar las minas que quedaron en la costa occidental danesa. La mitad de aquellos murieron o resultaron gravemente heridos Muchos no eran más que niños. A esta altura, las cifras hablan por sí solas y nos recuerdan, le duela a quien le duela, que estas historias no fueron caprichos de las probabilidades, ni resultado de la casuística. Fueron a veces, más la regla que la excepción.

Y en eso sentido, recomendamos Under sandet y la recomendamos como una de esas películas que hay que tener el coraje de ver, entre otras cosas, para tener más propiedad a la hora de hablar de los sucesos más horrendos que le ha tocado vivir a la humanidad, que también es bueno recordad, no fueron hace tanto tiempo. Under sandetes una gran película, pero por sobre todas las cosas, es una película necesaria.

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