Editorial

El conservadurismo e incultura de la sociedad boliviana

27 julio, 2017

Si existen dos rasgos distintivos de la sociedad boliviana, sería menester comenzar por detallar su conservadurismo impregnado desde la época de la Corona Española, en lo que H.C.F. Mansilla denomina la tradición ibero-católica. La sociedad boliviana resta todo contenido a la dignidad humana y la libertad, y así, se decanta por una ausencia de valores tan universales y centrales que configuran toda sociedad medianamente democrática. Y es que la osadía más peligrosa para cualquier democracia del mundo es pretender la legitimación del autoritarismo y elevar la figura del caudillo a límites inalcanzables – incluido el órgano judicial -.

Pero el problema no sólo es la “insignia” arriba dada; sino el alto valor de irrespeto generalizado de las leyes, de los derechos fundamentales, y más actualmente, el juramento y lealtad de los órganos del Estado a lo que la “oligarquía pachamámica” dicta. Ha pasado más de una década desde la asunción de Evo Morales al trono, y nada parece haber cambiado; salvo el incremento del narcotráfico y la corrupción, sumado a una absurda batalla maniqueísta entre “los buenos y los malos”. Si a eso sumamos la multimillonaria campaña en favor del caudillo y el régimen, podemos concluir que Bolivia pasa un momento aciago dentro de su historia presente, mientras su cuño totalitario es diáfano y visible.

En segundo lugar, cabe destacar ya no solamente el accionar de los dueños del poder político; sino también de la sociedad en su conjunto. Ataviada de cualquier forma en la escuela, no se imparte la asignatura del derecho, la historia del derecho, y mucho menos los valores que hacen a una república y a una aristocracia. Y en esta cuestión de fondo, podemos afirmar que ya no solamente es el rey el que prima pasando por alto las leyes; sino la sociedad en su conjunto.

Y en un sentido más profundo, ha sido tan menguada la República los últimos lustros, que el presupuesto para la educación y la cultura, y el bajo nivel educativo tanto en las escuelas como en las universidades, es una herencia que pervive con el tiempo desde la fundación de Bolivia hasta nuestros días, haciendo de ello una sociedad a la que le encanta el “chismerío político”, y es casi muda frente la degradación ética y moral de los ciudadanos.

Pan y circo, pero también “divida et impera”, son las recetas de tan atroz espectáculo de variedades.

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