Opinión

Cuando la política se transforma en farándula

29 julio, 2017

La política, aquel tema que todos queremos evitar pero que al mismo tiempo hablamos en algún momento. Se presenta como un ser despiadado que nos genera asco y placer al mismo tiempo. Al igual que los chusmeríos (o chimentos), la política tiene el encanto de que a pesar de ser un tema del cual queremos evitar a toda costa, en el fondo (muy en el fondo) nos encanta hablar.

¿En qué momento cedemos ante los encantos de criticar el accionar de los políticos de la misma forma que las noticias de la farándula? ¿Cuando la política pasa a ser un tema farandulero? O mejor dicho ¿Por qué existe ese afán de hablar de política con el mismo nivel de frivolidad que criticar a la televisión “basura”? La cuestión más relevante está en el hecho de que el rol que tiene la política en los medios masivos de comunicación en la actualidad es en buena parte de entretenimiento. ¿Cómo esto puede ser posible? Si tomamos la idea del anarquismo epistemológico de Feyerabend, todos los fenómenos sociales tienen el mismo nivel de importancia aunque creamos que no es así. Esto ocurre en un contexto posmoderno (por llamarlo de alguna forma) no se busca ningún tipo de universalismo; se apunta a la diversidad de criterios antes que a la homogeneidad. Por lo tanto, todo es válido y no válido al mismo tiempo, en una especie de convergencia confusa. En otras palabras, como “todo” tiene validez, no es posible distinguir con claridad qué es más importante y qué no lo es.

Voy a explicar lo dicho con un ejemplo. En Bolivia hay muchos que critican la administración de Evo Morales debido a sus malas decisiones y a la corrupción. Como uruguaya, conocía muy poco de la situación política y social de Bolivia porque los medios de comunicación uruguayos no hablan de él. Lo hacían durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez, más que nada para burlarse de los dichos de Evo en los programas de archivo. No está mal referirse a los dichos disparatados del presidente boliviano. De hecho, me río de sus dichos cuando miro videos en YouTube. ¿Está mal? En principio no, porque la política además de ser despiadada, da lugar fácilmente al humor. El problema es que al igual que mucha gente cae en criticarlo únicamente por su forma de hablar y nivel cultural. Lo que no me había dado cuenta cuando me reía de los disparates de Evo Morales y Nicolás Maduro es que al reírme de ellos no me percataba de los problemas de fondo existentes en Bolivia y Venezuela. Ellos como “payasos” que son, lo que hacen es que la gente no se fije tanto en los problemas económicos, políticos y sociales en sus respectivos países. No es que no nos informemos del estado de situación; no lo hacemos con profundidad por dos motivos. En primer lugar, los habitantes que padecen de dichas situaciones prefieren reírse antes que llorar, es como una anestesia. En segundo lugar, los que vemos las situaciones desde afuera, nos quedamos solo con la idea de las frases disparatadas y no ahondamos mucho más.

El hecho es que cuando sale una noticia con algo que ridiculiza a algún político en particular tendemos a quedarnos en lo que dice la misma y no nos informamos mucho más. ¿Por qué? Porque nos encanta alegrarnos de la desgracia ajena, de las debilidades que puede tener un ser humano, por más que no lo admitamos. Entonces, la política y la farándula convergen en una dimensión tan confusa como banal. Como la política es un tema que repele, no nos informamos en profundidad de lo que pasa, pero como a la vez nos atrae, terminamos hablando de política como quien habla de las celebridades del espectáculo. Hablar de política es un deporte, un mal necesario que nos da tema de conversación con otra persona. A veces es como hablar del clima con alguien en un ascensor. En otras ocasiones es para sentirnos más “cultos” hablando de los políticos de la misma manera que contando los chismes a la vecina de enfrente.

Cuando la política se transforma en farándula, se pierde de vista las consecuencias de las malas decisiones de una determinada gestión de gobierno. Cuando nos reímos del disparate que dijo algún político, lo que ocurre es que nos distraemos de lo que es relevante. No está mal reírse. Lo que está mal es quedarse en esa. Hay muchas noticias que refieren a los dichos de “x” político, pero hay pocas que investiguen a fondo las problemáticas sociales que ocurren en determinado país. En el caso de Evo Morales, sus dichos son noticia, pero poco se habla de las carencias que tiene Bolivia, sobre todo, el hecho de que si bien en los últimos años ha crecido mucho económicamente, no hay desarrollo económico y esto pasa porque nadie se sentó a pensar en un plan de gestión de recursos naturales y humanos de calidad. Hace falta reflexionar en argumentos sólidos que sirvan para llevar a cabo una administración que tenga planes serios de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Algo parecido pasa en Uruguay, que si bien está más avanzado en lo que respecta a la independencia de los poderes y en políticas sociales, hay un estancamiento social y económico que a largo plazo resultará perjudicial. Los uruguayos tendemos a rechazar los grandes cambios porque tenemos miedo de perder estabilidad. Nos quedamos en la zona de confort. Preferimos dormir en el mismo colchón antes que cambiarlo. Suena estúpido pero es así. El inconveniente es que todo lo que no avanza, retrocede y por lo tanto, todo lo que hoy nos parece reconfortante, mañana va a ser una carga pesada que no nos va a dejar avanzar. El ejemplo más claro de esto (en mi opinión) está en el ámbito educativo, pero de esto les voy a escribir más adelante.

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