Editorial

La dictadura venezolana consumada

18 agosto, 2017

Quiénes no creyeron el rumbo que tomó desde sus inicios el régimen del extinto Hugo Chávez Frías, ahora observan a flor de piel la consumación del rompimiento del orden constitucional y el Estado de Derecho en Venezuela, luego de que Nicolás Maduro dictó la disolución del Parlamento y transfirió sus potestades a una fraudulenta y malhadada Asamblea Constituyente de cuño oficialista, que según los términos y condiciones impuestas por el chavismo, cargará además el peso de la sanción y proyección de la legislación interna del país caribeño.

Nada más ni nada menos, así de brutal como el “fujimorazo”. Y hoy, con mucho tino, los países fundadores del MERCOSUR condenaron la usurpación de las atribuciones de la Asamblea Nacional de Venezuela, mientras el ex Canciller uruguayo, y ahora Secretario General de la OEA, Luis Almagro, denunció lo que él llama una profundización del golpe de Estado en Venezuela.

¿Es posible que en pleno siglo XXI cierta izquierda latinoamericana no haga una crítica constructiva de lo que se entiende por modelo de gestión pública y gobernanza?. El silencio puede entenderse como la más arraigada consternación, desasosiego o en el mejor de los casos un cambio de paradigma todavía confuso. Las raíces profundas de la actual “crisis ideológica” de una buena parte de esta izquierda latinoamericana radical, se encuentra en el reconocimiento de lastres pesados, muy pesados, y que tienen su amplia explicación en las semillas del “ogro filantrópico” escrito por Octavio Paz y el asentamiento de traumas y catarsis del siglo XX, tales como la “lucha antiimperialista”, aunque para esto se haya justificado inclusive el asesinato en el paredón y a mansalva.

Siempre se puso enfrente en el debate de la “Revolución Cubana”, los supuestos adelantos en lo que respecta a derechos económicos y sociales, sin atender que Cuba, antes de dicha revolución era un país próspero en comparación a sus pares latinoamericanos. Pero aún admitiendo aquél estigma que prevalece una y otra vez, no cabe la menor duda que el modelo cubano es la triste expresión de irrespeto de los valores republicanos y la democracia. Y en este contexto cabe elogiar las condenas de la OEA y del MERCOSUR.

No atiende a esta visión “posmoderna” – admito mi desdén al utilizar este término – los aplausos, los incondicionales apoyos del presidente boliviano Evo Morales al régimen de Nicolás Maduro. Lo que ahora está en juego no es solamente el rumbo de ciertos países de América Latina; sino también el de la región en su conjunto. El papel que juega Luis Almagro en este tablero de ajedrez es harto complicado, pero seguramente habrán muchos más que en el futuro le darán aún mayor crédito.

Contra la dictadura venezolana, clama Latinoamérica, paz y democracia.

 

 

 

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