Opinión

Adramelech

22 agosto, 2017

Si bien hoy, la política parece un escenario que solo admite una lectura racional de los hechos, nunca estamos del todo librados a tentarnos en una mirada algo más escatológica. El perfil psicópata de los dictadores, las respuestas muchas veces infantiles de los más destacados estadistas ante situaciones graves y todas las miserias que exhiben generalmente los políticos, nos llevan muchas veces, a reflexiones pesimistas donde conceptos como el de la maldad adquieren una relevancia que no parecería propia de nuestros tiempos. La idea de que los grandes líderes mundiales pueden estar guiados por la maldad, nos lleva a desenterrar una idea medieval que asociaba los males sociales con lo demoníaco.

Hagamos un poco de Historia. La sociedad medieval giraba en torno a una concepción teocéntrica. El poder político estaba fuertemente vinculado al poder religioso, las ciencias estaban recubiertas de un cristal escatológico. Todo se explicaba por la acción de ángeles y demonios. Y como las desgracias de la vida se multiplicaban en plagas, pestes, guerras y hambrunas, hubo que multiplicar los demonios para explicarlo todo, recurriendo al legado de otras culturas más o menos lejanas en su tiempo.

Y finalmente, la complejidad demonológica medieval, terminó asimilándose a la jerarquización de la sociedad medieval.

Veamos algunos casos:

  • Abigor: era una alta jerarquía militar. Dios de la Guerra. Va montado en un monstruo alado y empuña una lanza con estandarte. Manda 70 legiones infernales. Puede hacer que los soldados aprecien a su general.
  • Cimeries: también conocido con el nombre de Cimejes, este demonio es un marqués del Infierno. Descripto como un guerrero enorme, va montado sobre un caballo negro y escoltado por 20 legiones demoníacas y, por lo tanto, es de menor jerarquía que Abigor. Es, además, el gobernante de todos los espíritus africanos.
  • Astaroth: célebremente conocido como el “Gran duque del Infierno”. Su casta comparte estatus con la primera jerarquía demoníaca, que involucra a los poderosos Belcebú y Lucifer. Es un demonio seductor, que persuade principalmente por medio de la pereza, la vanidad y las filosofías racionalistas. Y este último detalle, no hay que dejarlo pasar por alto. Observemos que, para los teólogos medievales, y sin duda para los de muchos tiempos posteriores, el racionalismo estaba asociado a lo demoníaco.
  • Beelzebub: más conocido como Belcebú, su nombre deriva etimológicamente de “Ba’al Zvuv”, que significa “El Señor de las Moscas”. Recordemos que el judaísmo se desarrolló en zonas desérticas y todo lo que podían significar las moscas para un pueblo errante por el desierto. Es nada menos que el príncipe de los demonios, según la tradición cristiana, y adopta múltiples nombres, dependiendo de las diferentes manifestaciones de su maldad.

Pero en realidad, ninguno de estos demonios me ha llamado tanto la atención como Adramelech, también conocido como Adramelec, Adramelek o Adar – malik. Es una deidad de origen fenicio y obviamente, también cartaginés.

Fue una especie de dios solar, el centro de su adoración era la ciudad mesopotámica de Sefarvaim (2 Reyes 17:31) y fue traído por los colonos provenientes de esa ciudad a Samaria, Palestina. ​

Según el moderno Diccionario de Demología del Dr. Frederik Koning: “En Sefarvaím, Asiria, así como en Sardón, se realizaban sacrificios de niños en honor de Adramelech. Según se afirma, de los gritos de los niños derivó el nombre de “carcajada sardónica” (de Sardón). Otros aseguran que el origen de esta voz proviene de que en la isla de Cerdeña (Sardinia) crecía una hierba venenosa que al ser ingerida provocaba este tipo de carcajada tan especial.”  (Bruguera, Barcelona, 1974, P.8).

También existió un dios llamado “Baal Adramelec”. Su nombre “baal” significa señor. En la mitología asiria, el título Baal se utilizaba para muchos dioses, y es descrito como un hijo de Senaquerib, rey de Asiria (2 Reyes 19:37; Isaías 37:38). ​Posteriormente, se asoció con el dios Moloch de Cartago. Esto a menudo conduce al concepto de que los niños eran sacrificados como tributo para él. Tradicionalmente se ha interpretado Moloch como el nombre de un dios, probablemente denominado el rey, pero pronunciado a propósito como Molek en vez de Melek utilizando las vocales de la palabra hebrea bosheth (ignominia). El concepto de sacrificio de niños mediante la hoguera, o la colocación de ellos dentro de una estatua de bronce del dios al que se hacía arder, viene del griego y no es históricamente comprobable con ninguna prueba arqueológica de que una estatua tan grande de bronce existiera.

Como tantos otros dioses paganos, Adramelech fue convertido en un demonio por la tradición judeo-cristiana.

En el Infierno era el intendente de guardarropas de Satanás y también, era el presidente del senado de los demonios, y también se le adjudicó a veces, rango de canciller del Infierno. Generalmente se lo representaba con cuerpo de mulo y torso humano. A veces, también, se lo representaba con las plumas de pavo real.

A este demonio que preside un senado de demonios, yo me lo imagino de rostro inmutable ante cada uno de los escándalos que va dejando a su paso. Un rostro inexpresivo e inalterable, propio de alguien sin conciencia, sin remordimiento, sin sentimiento de culpa, pero con una gran capacidad de seducir y esperanzar a sus víctimas a través de sus insólitas mentiras. Incapaz de hacerse cargo de sus mentiras, pero capaz de comprar muchas almas. Incapaz de arrepentirse, pero capaz de seguirse exhibiendo públicamente por los siglos de los siglos, sin pudor. Incapaz de proclamar una idea inteligente, de hacer un planteamiento original, pero siempre dispuesto a mantener su soberbia, su arrogancia de perverso narcisista. Siempre dispuesto a cubrir su estampa de mula con plumas de pavo real.

Lo veo incinerado por el bochorno público que va dejando tras su fétido sendero, pero igualmente, inmutable, porque como buen demonio de alta cumbre demoníaca, el fuego que lo consume es el fuego infernal de su naturaleza.

Cualquier similitud con la realidad uruguaya, ¿será pura coincidencia?.

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