Opinión

¿Se puede innovar en política?

29 agosto, 2017
“Política, s. Conflicto de intereses disfrazado de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado.”
Ambrose Bierce

Los incontables desafíos que se han presentado a lo largo de la historia del hombre han exigido un esfuerzo en su capacidad física y cognitiva para poder superarlos. El descubrimiento y manejo del fuego, la rueda y la construcción de armas son algunos ejemplos. Estas innovaciones tecnológicas cambiaron por completo el curso de la historia y el desarrollo de nuestra civilización. Pero lo mismo ha sucedido en el ámbito social. La búsqueda de mejores días ha tratado de encontrar las mejores formas de establecer un orden que mejore la convivencia entre humanos. Valores como la libertad, justicia e igualdad, entre otros, han sido pilares importantes para los distintos sistemas de gobernanza que se han dado por lucubraciones de seres preocupados por su situación y las de sus semejantes. Algunos de estos sistemas han mejorado nuestras condiciones de vida, otros, nos han llevado al estancamiento, y también existen ejemplos de retrocesos. Pero queremos destacar un sistema que, con sus virtudes y defectos, es quizá la mejor herramienta para evitar la servidumbre y los abusos tanto desde el poder público cómo desde el ámbito privado. Este sistema es la democracia. Platón planteaba una inquietante pregunta, ¿cuál era la mejor forma de gobierno?, al tiempo que respondía esa pregunta con la voz de Sócrates: “¿No hablaremos de cuáles han de ser los ciudadanos que deben gobernar y cuáles han de ser gobernados? ¿Por qué no?” (responde Glaucón); “¿No crees acaso que los gobernantes deben ser los más ancianos y los más jóvenes los gobernados?” (responde Sócrates); “Es evidente” (responde Glaucón) (2007, p. 142). Al mismo tiempo, Platón habló de la degeneración de la monarquía en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la democracia en una demagogia. Claro es que Platón no estaba convencido del sistema democrático y defendía que el gobierno debería ser regido por filósofos e ilustrados. Se debe señalar que Platón provenía de una familia aristócrata y que quizá, por este motivo, disminuía su objetividad para analizar cuál era el mejor sistema. Pero, aun así, para Karl Popper, esa pregunta estaba mal planteada porque escondía “mal intencionadamente” quién debería gobernar. Para Platón, el gobernante debía ser “el más sabio entre los hombres, el mejor, ese debería gobernar”. Por otra parte, Popper planteaba otra cuestión: “¿Qué se debería hacer para impedir que ocurran cosas malas con el Estado?”. Encontramos que las democracias modernas siguen esta cuestión como el mismo Popper afirmaría, “no nos ocupamos de quién debe mandar, sino de cómo debemos impedir el mal uso del poder en el Estado”. Si bien hoy la democracia tiene límites circunscritos en la representatividad y los frenos y contra pesos de las repúblicas para evitar una tiranía mayoritaria, se debería analizar el siguiente paso para innovar el ejercicio político, evitándonos no solo el abuso de parte del poder estatal, sino también por los grandes intereses de corporaciones privadas. Para Mario Bunge, existen por lo menos cuatro factores que se interrelacionan para formar políticas: intereses privados, los políticos, funcionarios públicos y los expertos (2013, p. 427). Siguiendo esa línea, las políticas pueden estar basadas en la fe, siendo improvisadas o pueden estar fundadas en pruebas y diseñadas con cuidado (Bunge 2013, p.428). Hasta aquí Popper y Bunge parecen estar de acuerdo en la utilización de una especie de ingeniería social, aunque con ciertas diferencias bien marcadas. Para Popper, la aplicación de la tecnología social debía ser fragmentaria a través de prueba y error; para Bunge, en cambio, las políticas deben ser sistémicas, pudiendo ser evaluadas para el análisis de sus resultados. En todo caso, lo que se quiere plantear es que no solo debe importar quién llega al poder, sino tener los mecanismos de control para quitarle ese poder. Al mismo tiempo, los expertos pueden diseñar magníficas políticas que puedan traer excelentes resultados; sin embargo, éstas, por más positivas que sean, no pueden ser del todo impuestas. Pasa que la población que se encuentra directamente afectada debe participar de los debates, y tomar protagonismo refiriéndonos al ejercicio de ciudadanía. La ciudadanía no solo se debe limitar a acatar normas y obedecerlas, porque así lo dispone la religión o el gobierno de turno, sino que debe participar en el análisis y la crítica, precautelando sus libertades y derechos bajo estos conceptos de participación. Amartya Sen plantea que uno de los ejes centrales que existen en democracia es el debate público. Algo muy importante para que los ciudadanos puedan participar y expresar su sentir; al mismo tiempo, pueden reflexionar por aquello que les preocupa o tienen dudas. Sen indica también que un pueblo en particular no necesita estar preparado para democracia, sino más bien necesita democracia para practicar el uso de su libertad. “El éxito de la democracia no consiste únicamente en disponer de la más perfecta estructura institucional inimaginable. Depende ineludiblemente de nuestros patrones reales de conducta y del funcionamiento de las interacciones políticas y sociales” (Sen, 2014, p. 386).

 

Actualmente, las tecnologías nos ayudan a comunicarnos en tiempo real independientemente de la lejanía, hacemos transacciones bancarias por nuestros celulares y compramos cosas por Internet. Estas tecnologías también hacen posible la participación de cada uno de los ciudadanos para su respectivo debate y toma de decisiones, en los temas que su ciudad o municipio plantee. Es verdad que no todo el poder se puede ejercer democráticamente e incluso desde el poder se puede manipular este sistema. Para dar un ejemplo concreto, supongamos que vivimos en Estados Unidos en 1860, un año antes de que inicie la Guerra de Secesión. Vamos a suponer que algunos demagogos plantean que, para resolver el problema de la esclavitud, se debería hacerlo a través de un referéndum, a fin de saber quiénes están en contra y quiénes a favor de este régimen social y económico. Si analizamos el censo de la época, aproximadamente el 20% de la población era negra y el 80% eran blancos. Vale la pena hacer la siguiente pregunta: ¿será que los esclavos negros hubiesen podido salir favorecidos en ese referéndum? Y en caso de que no, ¿hubiera sido éticamente correcto hacer un referéndum cuándo las minorías las tienen todas las de perder? Hoy, por ejemplo, en caso de aplicarse democracias más directas y participativas, éstas deben considerar los derechos humanos y el respeto de ciertos valores democráticos como la alternancia, sobre todo en democracias representativas presidencialistas como la nuestra. Es probable que la democracia directa se pueda implementar en un inicio en los municipios, bajo cuestiones que afecten directamente a sus ciudadanos de manera local. Lo que nos lleva a evidenciar que, actualmente, la politización partidaria ha corrompido muchas instituciones ciudadanas, cívicas y vecinales. En Santa Cruz de la Sierra, por ejemplo, muchos colegios de profesionales y sociedades de licenciados o ingenieros obedecen a interese partidarios, tanto del Gobierno Municipal como del Gobierno Departamental. Así, en las distintas problemáticas que se pronuncian –si es que lo hacen–, realizan análisis técnicos no muy objetivos en temas como salud, medioambiente, social, etc. Estas innovaciones políticas pueden ayudar a romper el paradigma de que solo las agrupaciones, sindicatos, gremiales, entre otros, sean los únicos escuchados, despreciando al individuo y su categoría de ciudadano. Reconozco que estas ideas no son nuevas; existen muchas charlas y debates en la red sobre estás temáticas. Es evidente que todavía muchos ciudadanos no poseen la tecnología y el acceso a Internet, pero las tasas de personas que las utilizan año a año aumentan considerablemente. Por eso, planteamos que se pueden buscar mecanismos para gestionar tecnologías e integrar a los ciudadanos, no solo para informarlos de lo que sucede en nuestro país, sino también con lo que sucede fuera de él, porque cada día se hace más importante conocer lo que sucede en el mundo si queremos construir sistemas que nos permitan una mejor convivencia global.

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