Sociedad

Bolivia es el punto estratégico del narco en la “cuenca cocalera”

3 septiembre, 2017
El flujo del narcotráfico en Sudamérica nace en la llamada “cuenca cocalera” que incluye, obviamente, a los tres principales productores de la hoja: Colombia, Perú y Bolivia. Este cauce funciona por la complementariedad de funciones de los tres países, en la que el nuestro  “aporta” como punto estratégico de acopio, tránsito y refinación de la cocaína.
Así, José Blanes Jiménez bautiza a la conexión de estos tres países en su libro El subsistema fronterizo boliviano en la globalización de los mercados ilegales, en el que le da un capítulo importante al narcotráfico y al papel de Bolivia en este delito transnacional.
“La cuenca cocalera conforma un corredor regional de alcance internacional y es parte inicial de los flujos globales del narcotráfico (…) Para la lógica movediza del narcotráfico es ideal un espacio de este tipo: tres países con complementariedades múltiples”, explica el autor.
Es decir, en el circuito coca- cocaína está desde la producción de coca, elaboración de la pasta base y clorhidrato, organización de la producción, acopio y transporte hasta el control del destino y blanqueo de dinero.
 “Colombia ocupa un papel estructurador ante Perú o Bolivia que funcionan relativamente subordinadas al rol de productores de las actividades de base”, señala parte del texto.
En ese sentido, si bien en la época del cártel de Medellín Bolivia le proporcionaba a Colombia la materia prima para la cocaína, actualmente ese país entrega  al nuestro “la marca de más alta calidad en el mercado internacional” de la droga, al margen de la tecnología para la fabricación de la pasta base y clorhidrato que ya es vigente desde hace años.
Hasta 2007, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) aún encontraba en sus operativos en el Chapare los denominados “pisacocas”, personas que se dedicaban a sacar los alcaloides de la hoja mediante el pisado. Sin embargo, poco a poco entró el método colombiano que consiste en la elaboración de cocaína mediante máquinas de avanzada tecnología.
Incluso en 2015 se descubrió que  al ayllu de los qaqachacas, ubicado al norte de Potosí, había llegado también el método colombiano.  “Llevan allá coca para la elaboración de la pasta base. Lastimosamente  aprendieron este famoso tipo  colombiano, que (consiste) en moler las hojas de coca y usan unos recipientes de agua de 5.000 a 10.000 litros. Requieren como unas dos horas para obtener la pasta, es muy práctico”, dijo en esa oportunidad el viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres.
Según el libro de investigación, en los últimos 20 años los flujos desde Colombia hacia Bolivia y Perú crecieron y, dependiendo de las rutas de la cocaína, contrabando o tráfico de oro, se envían grandes cantidades desde Bolivia hacia Brasil, Paraguay, Argentina y Chile con  destino al Pacífico y Europa.
“Reafirmar que de acuerdo a estos informes  se ratifica que nuestro país (es) tránsito. No somos productores ni consumidores”, afirmó el año pasado el ministro de Gobierno, Carlos Romero.
En esta “cuenca cocalera” hay un mercado global de consumo de droga. Blanes explica en su libro que Brasil es el primer demandante y en menor medida están Argentina y Chile. Asimismo, en el mismo nivel de Brasil están países de Europa, África occidental y Oceanía.
 “Esto significa una mayor presión de demanda, de oportunidades y de facilidades para la producción y la exportación de cocaína desde los países andinos”, indica la investigación.
Es precisamente ahí donde Bolivia tiene un papel central, pues se constituye en el centro de acopio de la pasta base de cocaína que llega de Perú para ser refinada y la cocaína purificada parte desde Bolivia hacia los países limítrofes y a Europa.
 “Sería un fenómeno que responde, al menos en parte, a las condiciones de competencia en el mercado y, más específicamente, a las disparidades de los costos de producción entre Perú y Bolivia”.
En ese contexto, Bolivia logra generar más réditos ya que, según datos, en Perú el costo del kilo de pasta base está alrededor de 800 dólares, mientras que en Bolivia se paga por la misma cantidad entre 1.000 y 1.200.
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“Un teatro de operaciones de cárteles”
“La evidencia de la presencia de cárteles en territorio boliviano es abrumadora”, señala el libro, y pese a que su discusión sobre su verdadero alcance está abierta, hay factores que aclaran dudas.
José Blanes Jiménez explica que en primer lugar Bolivia es un teatro de operaciones de cárteles extranjeros “sea en forma directa o mediante emisarios, intermediarios, financiadores u otras figuras”.
 Asimismo, explica que estas bandas internacionales están conectadas con narcotraficantes bolivianos (clanes familiares u otros) “a través de formas diversas y flexibles de vinculación y asociación”; la tercera evidencia es que “los grupos nacionales operan mayormente como proveedores de cocaína base o refinada, mientras que los cárteles extranjeros son el principal vehículo de internacionalización de la producción boliviana”.
El especialista José Carlos Campero sostiene que en Bolivia se evidenció la presencia de organizaciones criminales colombianas como el cártel del Valle; brasileñas como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando de Vermelho; mexicanas como Los Zetas y el Sinaloa, entre otros.

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