Editorial

Bolivia y la ley de la selva

5 septiembre, 2017

El dictador Evo Morales en una entrevista concedida años atrás fue interrogado sobre si toda la coca del Chapare estaba destinada al consumo tradicional. Morales respondió con su habitual sonrisa de niño travieso: “tampoco debemos santificar”. Fue, a más no decir, un reconocimiento explícito de que él – como cabecilla de los cocaleros del trópico cochabambino – conocía muy bien que la coca sembrada en ese territorio era destinada de una u otra forma al narcotráfico. Hoy, Morales Ayma, plantea construir una carretera en el departamento de Beni, con oscuros intereses. Fuentes extraoficiales apuntan a que el más grave de ellos, es acaparar más tierras para la producción de cocaína.
Casi a la par de estos hechos, agencias de prensa y periódicos dieron cuenta que el presidente Evo Morales participó de la clausura del X Congreso de la Federación de Mujeres Campesinas del Trópico de Cochabamba, que se realizó en Lauca Ñ, Shinahota, donde fue reelecta la dirigente cocalera Margarita Terán, fuertemente criticada en el pasado por la actividad delictiva de dos de sus hermanas y un cuñado, que cayeron en forma infraganti con casi 150 kilos de cocaína en el Chapare, y tras un par de años fueron liberados, situación que se atribuyó a la influencia de la dirigente, muy allegada al presidente Evo Morales.
A juzgar por los hechos que preceden, está muy claro que Morales Ayma está ligado al narcotráfico del modo más frontal jamás visto desde la presidencia del dictador Luis García Meza.
Y ya no solamente es el narcotráfico lo que preocupa; sino la proliferación de un Estado de Facto en el que con voz propia Morales ha dicho que se debe pisotear la ley, o tergiversar su sentido, cuando el pueblo así lo dice. Muestra de un pintoresco dictadorzuelo populista que pasea en un avión lujoso, mientras la ciudadanía reclama dignidad, esto es, acceso al agua potable, salud, educación, empleo, etc.
El dictador boliviano está empeñado en seguir destruyendo el país con una insensatez propia de Stalin. A veces asesina, como lo hizo – verbigracia – en el Hotel las Américas. Otras veces manda a la cárcel a un sinfín de opositores. Y finalmente, envía al exilio político a miles de personas, acusadas por corrupción, terrorismo, etc. En otras palabras, el totalitarismo impuesto raya en la insensatez propia de Satanás. Sí señores. Se huele un vaho de pura mierda.
Pero no solamente es aquello lo preocupante; sino la inestabilidad institucional y la gestión pública ineficiente y nada transparente, que derivará en el ocaso más profundo jamás vivido. Ya lo decía un abogado llamado Juan José Lima Magne en un diario argentino: Evo Morales sólo dejará el gobierno muerto o expulsado por los movimientos sociales que lo colocaron. Sin embargo, al respecto tengo dudas. Lima Magne representó a la vicepresidencia en la Asamblea Constituyente y trabajó en la redacción de varios de los artículos del proyecto de nueva Constitución.
El poder del Narco-Estado es muy fuerte. Lo que habrá de esperar para bien de todos es la desobediencia civil, para no llenar más ríos de sangre.

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