Opinión

Evo el tirano

5 septiembre, 2017

Como se repite la historia: una breve comparación entre los despotismos pasados y presentes. Evo y Calígula, tiranos. Dos vidas paralelas o por qué no hay nada nuevo bajo el sol. Varios periódicos y comentaristas norteamericanos hablan mucho sobre las similitudes entre el tirano romano y el señor Trump, pero Evo es más certero, en formas, en maneras y acciones que recuerdan aquella crueldad para mantenerse a toda costa como el Supremo.

Cuando Calígula se convirtió en emperador romano en el 37 d.C., el pueblo se regocijó: “por todos lados, no se podía ver más que altares y sacrificios en su honor, hombres y mujeres adornados en sus mejores galas eran felices y se mostraban sonriente con un cambio de régimen tan necesitado y esperado”.

El Senado lo abrazó y fue aclamado como un soplo de aire fresco después de la severidad, el ausentismo y la avaricia de su antecesor. Calígula era colorido y extravagante, ofreciendo un montón de oportunidades para chismes maliciosos. Caligula tenía cuatro esposas en rápida sucesión, y se decía que estaba durmiendo con su hermana (los historiadores romanos lo despreciaban, por lo que algunos de los chismes deberían ser tratados con escepticismo).

Era encantador, impetuoso y enérgico, durmiendo sólo tres horas por noche, y mostraba un toque común al estar constantemente en contacto con el público. Sus primeros meses como emperador rebosaban de esperanza.

Inicialmente, Calígula se centró en denunciar a su predecesor y criticar todo lo que había hecho. Calígula también hizo promesas populares de reforma tributaria para reducir la carga sobre el público. Estaba lleno de promesas grandiosas, de proyectos de infraestructura e incluso ideó un plan para cortar el istmo de Corinto (que separa a Europa de Turquía).

Pero, por desgracia, Calígula no tenía una intención clara de cómo gobernar y sólo pretendía perpetuarse en el poder por lo que sus acciones diferían completamente de sus discursos y resultó ser completamente incompetente para hacer las cosas. Mientras tanto, su extravagancia personal aumentó la necesidad de ingresos fiscales.

Suetonio, el historiador romano, relató cómo el Palacio del Popolo, regalo al pueblo romano y de uso exclusivo suyo tenía “estatuas adornadas con gemas, telas de colores, grandes baños espaciosos, columnatas y salas de banquetes, e incluso una gran variedad de viñedos y árboles frutales”.

Los romanos inicialmente aceptaron los lujosos gustos de Calígula, quizás intrigados por ellos. Pero el gasto pródigo de Calígula agotó pronto el excedente que había heredado y Roma se quedó sin dinero. Corceles y naves lujosas eran su preferencia.

Esto llevó a un comportamiento cada vez más desesperado, cruel y tiránico. Según informes, Caligula abrió a sus mujeres al uso público para ganar dinero, e introdujo nuevos impuestos. Cuando esto no fue suficiente, comenzó a confiscar propiedades, hostigando a las élites y a veces matándolas.

Comparen ustedes la diferencia de tiempo y las similitudes de comportamiento. ¡Oh tempora, oh mores! dice la alocución latina refiriéndose a estos tiempos turbulentos y sus costumbres. Calígula hizo lo que quiso porque el pueblo estaba cansado del pasado, de las muertes y lo viejo de la República, pero al transcurrir los años se fueron dando cuenta que esta novedad se convirtió en un monstruo. Calígula llegó al poder gracias a sus medidas populistas y gracias ellas sucumbió y así el pueblo romano aprendió que cuando la moderación en el arte de gobernar es el bien más preciado resulta ser también el más escaso.

El deseo de la restauración de la República para evitar esos excesos que empezaron con tanta ilusión y terminaron destruyendo el tejido social fueron las principales causas para sacarlo del poder. En aquellas épocas con el asesinato, en éstas esperemos ser más democráticos.

Adelante Bolivia

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