Opinión

El ineluctable fracaso del MAS

28 septiembre, 2017

El gobierno de Evo Morales, líder máximo de la revolución democrática, endiosado hasta un punto risible, lo ha demostrado una vez más: están aquí para quedarse y poco o nada importan las disposiciones legales. Queda claro también que la acción abstracta de inconstitucionalidad, es un absurdo jurídico y el mayor atentado a la democracia en más de treinta años. Es cierto también que Bolivia no es un país muy democrático, las decisiones se toman mediante un voto orgánico, que es un eufemismo para decir, que se hace lo establecido por la cúpula directiva de cualquier organización política o social. Modelo Estatal implementado por el MAS y el instructivo del oficialismo es muy simple: Evo Morales será candidato, es el único que puede garantizar continuidad y estabilidad. Si Evo no es relegido por cuarta vez, volverán los neoliberales, las privatizaciones temidas, volverá Goni (el equivalente local del diablo). Hay gente que cree en ese discurso, como hay gente creyó en el MAS, pero lo grave del asunto, es que el partido de gobierno sin necesidad de ningún complot opositor, se empecina en mellar su propia credibilidad.

El gobierno del MAS se ha convertido en un chiste del mal gusto, ya estamos acostumbrados a los exabruptos del presidente, las barrabasadas del vicepresidente, el incumplimiento sistemático de la normativa, la corrupción endémica, los escándalos ligados al narcotráfico. En pocas palabras, hemos asistido boquiabiertos a la banalización de la anomía política, la constricción de la democracia y de los derechos ciudadanos; ante nuestra mirada pasiva, se construyó una hegemonía incuestionable, una idolatría secular que no tolera voces disidentes. Hemos cedido terreno hasta el punto de quiebre y la pregunta que nos hostiga o por lo menos debería hacerlo es: ¿realmente estamos dispuestos a soportar las imposiciones masistas? El gobierno del pueblo, de los movimientos sociales y otros dislates, mantiene su empeño en contradecir todo su discurso político, con acciones que desmienten su buena voluntad. Son once años de conflictos, de muertes y desfalco económico, once años de promesas, de arengas y lindos discursos; once años de campañas políticas financiadas con fondos públicos. Este país no necesita de un candidato perpetuo, obnubilando a las masas con baratijas, necesitamos a un presidente que haga gestión, que gesticule menos y pase a la acción, que por lo menos aplique lo que predica.

A estas alturas, queda claro que no podemos seguir confiando en el oficialismo ni en la oligarquía masista y el 2019 Evo Morales no se enfrentará a una oposición, se enfrentará a la ciudadanía, pues está pisoteando una decisión soberana y una necesidad de la democracia. Nadie es indispensable y si el modelo de Estado funciona de maravilla, como bien lo dicen los funcionarios de gobierno, debería poder funcionar sin el Evo. La reelección indefinida es la mayor derrota del gobierno del cambio, es el detonante de una crisis de legitimidad que se resolverá en las calles, es el punto final de once años de fracasos.

Jorge Valda  es literato y politólogo

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