Opinión

Generales de la democracia

9 octubre, 2017

La historia latinoamericana está repleta de páginas escritas por militares que rompieron el orden constitucional, ya fuera que proviniesen de la derecha o de la izquierda (recordemos entre estos últimos a los generales Juan Velasco Alvarado, Omar Torrijos y Alfredo Ovando). Lo que está aún por escribirse es un repaso del rol cumplido por uniformados que contribuyeron en la defensa o el restablecimiento del sistema republicano.

En Bolivia, ante la inminente celebración de un 10 de octubre, cuando se cumplirán 35 años de la recuperación de la democracia, debería imponerse el reconocimiento al papel ejercido por el general Guido Vildoso, quien tras la narco-dictadura de Luis García Meza y las posteriores dubitaciones de Celso Torrelio encaminó decididamente al país hacia la legalidad y las urnas.

En otros países, tenemos casos como el de los generales Andrés Rodríguez y Lino Oviedo en Paraguay, quienes acabaron con el largo despotismo de Alfredo Stroessner. Un régimen que, como algunos más cercanos en el tiempo, guardaba las formas engañosamente, con elecciones periódicas siempre ganadas por el caudillo supremo.

En Perú, podemos rememorar al general Francisco Morales Bermúdez, quien derrocó a Velasco Alvarado en el “Tacnazo”, iniciando la apertura democrática e impulsando el retorno a una mínima racionalidad económica tras la aventura revolucionaria.

En ambas márgenes del Río de La Plata, es posible recordar también al general Alejandro Agustín Lanusse y el almirante Juan José Zorrilla.

Ya en el campo de la historia reciente, tenemos lo sucedido en Venezuela en diciembre del 2015, cuando un rumor de sables le arrancó al dictador Nicolás Maduro el reconocimiento de la aplastante victoria opositora en las elecciones parlamentarias.

Todo esto nos muestra el rol fundamental que pueden desarrollar los mandos castrenses cuando orientan su conducta de acuerdo a una visión institucionalista y legalista, supeditándose más al ordenamiento constitucional que a las arbitrariedades del mandatario de turno.

El asunto no es un simple ejercicio de reconstrucción de la memoria histórica, sino que implica lecciones relevantes para la actualidad, cuando nuevas formas de autoritarismo se han cernido sobre el continente.

Modalidades que camuflan su vocación despótica detrás de las máscaras de una “democracia aparente”, como bien la definiera el desaparecido José Mirtenbaum. Apariencias que, sin embargo, no alcanzan para ocultar la desnudez de los nuevos reyes totalitarios.

Los golpes de Estado del siglo XXI se dan en esperpénticos tribunales, teledirigidos desde los palacios de gobierno, con dictámenes casi irreales que sólo pueden merecer la soberana desobediencia del pueblo.

La objeción de conciencia y el derecho de resistencia a la opresión están en el núcleo mismo del sistema republicano y libertario, como un imperativo ético inevitable. Recordemos las palabras de Miguel de Cervantes: “Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida” (Don Quijote, II, cap. 58).

Hoy como ayer, hacen falta generales de la democracia…

Emilio Martínez Cardona es escritor y analista político

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